Diego Ridolfi y el futuro de Fármacos: "Me despierto todos los días pensando en México"

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Diego Ridolfi, vocalista y líder de Fármacos, considerado uno de los proyectos pop más consolidados de la última década en Chile, reconoce que estos últimos 12 meses no han sido fáciles. “Ha sido terrible en todo, entonces, todo se ha retrasado en mi vida”.

Tras la publicación de dos LP’s –“Los días más largos” y “Estado de Gracia”-, placas lanzadas con tres años de diferencia, este 2019 se veía como la fecha ideal para estrenar su nuevo disco, el cual contaría con la producción de Cristián Heyne (Gepe, Javiera Mena). Pero una serie de situaciones, por las cuales Ridolfi ha transitado y que conversó en una distendida conversación con La Rata, lo llevaron a posponerlo hasta el próximo año.“No sé si voy lento pero voy indagando mucho, entonces creo que es un momento de pegarme un break introspectivo importante de vida”.

Pero no todo fue terrible. El cantante publicó dos sencillos esta temporada “Esperar” y ”Nuestro Infierno”, este último un tema en clave balada pop lanzado a principios de diciembre. Una canción que tuvo que esperar su aparición en público por razones obvias: el sencillo tenía fecha tentativa la semana después del 18 de octubre.

Diego, quien desde hace un par de años reside en un departamento a cuadras del epicentro de las movilizaciones, le ha tocado vivir en carne propia la revuelta que se vive en “el patio de su casa”. Es cosa de retroceder un par de semanas. Aquel viernes, en donde comenzó todo, la banda participaba de una sesión de fotos para el lanzamiento del single.

“Estaba la cagá en Plaza Italia y en un momento subimos a una casa por el Forestal, se escuchaba que estaba la cagá pero no se veía”. Tras tras el inicio de las protestas Rudolfi fue testigo presencial de los primeros saqueos por las calles aledañas a su casa. Esa noche toda la banda se quedó hasta altas horas de la madrugada en el sector. Era imposible volver a casa.

-¿Qué hecho te hizo reaccionar de la situación que se comenzó a vivir esos días?

– Fui a ensayar el 19 con el (Diego) Lorenzini, quien iba a hacer el lanzamiento de su disco la semana siguiente pero se tuvo que posponer. Venía llegando a mi casa y me doy cuenta por Bustamante con Rancagua que habían tres micros juntas quemadas. Había visto algo en la tele pero ¿ver tres juntas en la misma calle? Además, habían muchas hueás saqueadas y decidí caminar a Plaza Italia.  Vi el momento exacto en que empezaron a llegar los milicos. Me hizo caer una lágrima, me hizo reaccionar pensado “Conchetumadre, esta hueá es cierta”.

Las semanas continuaron y la rutina de Ridolfi se tuvo que adaptar ante lo que ocurría en la calle. La constante presencia de Carabineros se contraponía a los manifestantes mientras el olor a lacrimógena rondaba por su ventana.  En aquellos días, se vio enfrentado cara a cara al abuso policial.

“Ni siquiera iba marchando, iba saliendo de mi casa -al frente de la embajada de Argentina- casi como un punto estratégico para guanacos y zorrillos”, rememora. “En la entrada del edificio veo a un paco que me apunta a mí y a más gente. Yo no sé qué me pasó en ese momento. No me asusté, solo sentí tanta rabia que levanté las manos, me di vuelta y salí caminando hacia el lado contrario. Tenía que ir hacia la Alameda y no bajé los brazos. Fue uno de esos días que pensé ‘qué mierda estamos viviendo, no puedo salir de mi casa tranquilo'”.

-En tu rol de figura pública en la música chilena, ¿Qué rol asumes? Tu música no tiene tinte social, sino más bien personal…

-Me tomó este movimiento más como ciudadano que tratar de sentir que como músico tengo que representar y decir algo al respecto. Sí, ocupo mis redes, pero tampoco siento que uno de nosotros va a ser el próximo Jorge González, está difícil eso. Creo que hay que tener cierta mesura con ese tipo de cosas. El hacer música política, si es que antes no la hacías, es súper complejo llegar a hacerlas.

-¿El movimiento te ha cambiado la forma de componer?

-No sé si me he dado el tiempo de analizarlo, pero sí afecta al aura, más allá de que sea un tema país. Se me inunda el aura o vibro de otra forma. No te digo que haría música política pero sí me saliera algo, bacán. Después de tener a un Jorge González, creo que debe salir honesto y sincero dentro de tu discurso, algo así no se puede forzar. Me encantaría hablar en una canción temas sociales pero no sé si está en mi misión personal.

Desde que comenzó el estallido, Fármacos no ha tocado en Chile. Según su frontman, el cambio a la hora de subirse a un escenario será transversal, “va a ser súper diferente la energía”. En ese sentido, una de las cosas que más se cuestionó en las últimas semanas era como seguir con su carrera, tratando de seguir la borrosa ruta que tenía contemplada hasta el fin de la década. “¿Qué haces si la música es tu trabajo? No podís dejar de hacerlo. Lo que sí es que nuestro trabajo es la cultura entonces, yo creo que es la última prioridad en estos momentos pero en algún punto vuelve a ser una necesidad”. 

El anhelo mexicano

Un alto dentro de esta mezcolanza de sentimientos fueron las tocatas programadas por México, las cuales llevaron a Ridolfi y banda durante dos semanas por 6 puntos de México, pasando por Monterrey, Puebla o el D.F, por mencionar algunos. El tercer encuentro del conjunto con tierras aztecas le permitió a su vocalista ver de lejos el panorama local y, sobre todo para el cantante, recobrar un anhelo personal. 

-¿Cómo analizas tu encuentro con México en medio del estallido social?

– Haber estado dos semanas en México estando lejos de todo, te das cuenta que el movimiento va pasando por ciertas etapas. Ahora está más tranquilo, ni cagando va a bajar su fuerza, pero no es lo mismo que en las primeras semanas con un nivel de peligro brígido. 

Para este viaje, Ridolfi acompañó sus pasos en los escenarios mexicanos con una bandera negra, la cual llamó la atención de los asistentes. “No es solamente cuando te paras en un escenario con tus canciones, sino tus palabras, tus actos. Esas son las tribunas que se pueden aprovechar también para difusión y contención”.

Ahora que regresaste a México, ¿no has pensado irte a vivir a tierras aztecas a lo Mon Laferte?

-Te digo la verdad, es mi mayor deseo hace mucho tiempo. Siempre me pareció atractivo, pero con la primera gira en 2017 caché. Había salido “Estado de Gracia” hace muy poco y dije como “fuimos a tocar a lugares equis, ciudades pequeñas” y llegó gente de lugares lejanos. Pensé que algo está pasando. Obvio que por número en masa van a tender a escucharte más de allá porque son muchos millones más que nosotros, pero viven la cultura y la música muy distinto a como lo vivimos acá. Y también no digo que toda música funcione allá, pero hasta el momento se ha dado de forma espontánea

En la segunda oportunidad que visitó el país del norte con el conjunto en 2018, Diego estuvo más de un mes recorriendo el D.F y alrededores. “Me sentí muy cómodo y muy feliz, me gustaba cómo funcionaba todo, la energía de la gente y me pasa que son muchos factores”.

-Igual hay razones para irse. Has tocado en lugares especiales como Lollapalooza o el KEXP.

-México lo he pensado hace rato, pero en mi cabeza está primero en terminar este disco. Creo que me gustaría mucho irme a vivir para allá.

-¿Se ha discutido en grupo?

-No, aún no. Saben que es un decisión personal, pero también saben que Fármacos es algo bastante personal. Llegado su momento, se conversará cuando se deba conversar. Es un plan tan… extremo que irte a otro país. Pero, siendo sincero, me despierto todos los días pensando en irme para allá.

Ridolfi/Heyne 

Pese a lo complejo de su año, Diego Ridolfi tomó una decisión “necesaria” en su carrera este 2019. Tras producir los dos primeros discos de Fármacos, el cantante determinó que la futura placa sería guiada por Cristián Heyne. “Es la primera vez que me abro a la oportunidad de producir con alguien las canciones”. 

Con una amistad de hace un tiempo y pequeñas colaboraciones en otro temas de la banda como “Belleza” o “Quiero conocer tu mundo”, “Nuestro Infierno” terminó convirtiéndose en la primera canción hecha íntegramente por Heyne, un proceso que describe como “agradable” y “terapéutico”.

El productor le pidió invocar a través de su voz a artistas recordados por su dramatismo. Algo así como que sonara “muy a cantante antiguo”.

“Pensaba en José José, Juan Gabriel e incluso Luis Miguel, un cantante que me gusta harto porque mi mamá lo escuchaba cuando yo era chico en la casa. Me encanta ese tipo de cantantes. Mi mamá es argentina y escuchaba mucho Sandro, bien dramático, está en mi ADN. Me gusta ver qué se puede sacar de ahí en tiempos que la música es tan especial, más particular y peculiar que antes”.

-¿Cómo fue hacer terreno en la producción con Heyne? ¿Qué significó esta decisión en temas artísticos? 

-Me llevó mucho a salir de la zona de confort. Esa canción fue full compuesta bajo la guía en la producción. Un coro más susurrado, dramático, era casi como estar con un entrenador al lado. Heyne me advirtió: ‘Si quieres trabajar conmigo en serio, me tenís que hacer caso porque eres muy porfiado. Vamos a partir desde cero’.

El abrir su arte a manos experimentadas le permitió a Diego romper las limitaciones propias de un músico acostumbrado a hacer las cosas por su cuenta, como “prejuicios auto impuestos. Me llevó a lugares que solo no podría, ni cagando. La forma de cómo Cristián trabaja ni siquiera es musical, es más psicológica. Compartir con él, al menos yo, genera una afinidad que nos permite conversar por horas”. 

Nuevos conceptos

En una entrevista reciente confesó que “revitalizará” la depresión como una de las temáticas en su próxima aventura discográfica. Ante la pregunta, Diego se toma un par de segundos antes de contestar. Admite que el tema no es fácil, aunque “los conceptos se sienten hace rato en las letras. Me es inevitable con estos traumas en mi cerebro y mi desorden en la música”.

A los 19 años fue diagnosticado. Dicho trastorno lo llevó a bajar 18 kilos, recuerda. “Quedé raquítico porque no sabía lo que tenía en ese momento. Tenía unos tocs terribles, pensaba que todo me iba a enfermar”. La situación fue tal que afectó en situaciones cotidianas. “Si mi mamá había cocinado en la casa yo le preguntaba si se había lavado las manos”.

“Me daban crisis de pánico, no me podía subir al metro. Por suerte, la universidad me quedaba cerca y me iba caminando, Había una serie de hueás que me impedían hacer una vida relativamente normal y yo pensaba que iba a ser alguien con limitaciones toda mi vida”. 

En retrospectiva a esos tiempos, el cantante reconoce que “si en ese minuto fue difícil, hoy lo sigue siendo”. Pese a contar con terapias, tuvo varias recaídas. Casi 11 años después de la depresión, a Ridolfi le diagnosticaron un desorden bipolar. “Fue fuerte al principio, pero a la vez es un alivio”, clarifica, “no porque te clasifiquen, sino porque así me puedo hacer cargo de esto y darle nombre a varias cosas que han pasado en mi vida. Es una enfermedad, tiene salida”.

Al tocar estos conceptos en su música, a la voz de “Palacio Mental” le ha tocado conocer casos de sus fanáticos. Siempre cercano por redes sociales, durante la última tocata por México recibió un mensaje particular que lo marcó. 

“Era una chica que estaba pasando por un momento muy difícil en su vida, pensaba en suicidarse y, en ese momento, estaba escuchando Fármacos. Algo le hizo click y decidió no hacerlo mientras escuchaba mi música y me agradece por eso. No me esperaba esa cantidad de información emocional en un mensaje”. 

“He estado cerca de esas situaciones y en vivencias cercanas, entiendo lo que significa sentir eso y que cuático que en un momento así alguien se identifiquen con mi música. De eso se trata la música, uno no sabe cómo va a responder ante el sonido”. 

-¿Cuentas con una buena red de apoyo para enfrentar esta enfermedad?

-No, porque por ejemplo muchas veces no pude ir a terapia porque no tenía cómo pagar. Puedo ir con cuea ir al doctor cada un tanto y comprar las pastillas, a las que hago alusión con el nombre de mi banda totalmente. Sí tengo gente cercana -mi hermana es terapeuta- pero no puedo hacer un tratamiento como debería. 

-Eres una persona con privilegios entre comillas, qué queda para el resto…

-Eso es lo terrible y me dan ganas de hablarlo desde la música, desde mi vereda comentarlo. La visión popular de la gente de admitir que tiene un trastorno psicológico es como un tabú, es algo químico que te afecta al cerebro que está fallando. Tenemos una tasa muy alta de suicidio que cambiaría si tuviésemos una mejor calidad de vida. Chile se destaca por ser muy depresivo bajo una pésima cultura colectiva psicológica.

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