Recuperar la identidad, mantener clara una postura política, no quedar ajeno a lo que pasa en el mundo, pero pasarlo bien y bailar. Si Kneecap tuviese que armar una declaración de principios, sí o sí tendría estos postulados.
El trío irlandés ha causado controversia en el mundo, pero sobre todo, ha aportado en el debate sobre la identidad nacional en su país, y además sobre el compromiso social de los artistas, más allá de las reproducciones y ventas de tickets. Todo a través de una provocadora y cautivante mezcla de hip-hop y rave.
Bajo ese contexto, Mo Chara, Móglaí Bap y DJ Próvaí aterrizarán en Chile este 21 de octubre, con un su show debut en Club Chocolate. Una noche que espera ser una fiesta, y también un espacio de reflexiones y declaraciones políticas.
En la previa de esta presentación, conversamos sobre identidad, rave y política en el arte con Mo Chara.
¿Qué sabes de Chile y qué esperas de la cultura o del público chileno?
No sabemos ni de cerca lo suficiente. Por el lugar de donde venimos, obviamente nos han enseñado sobre ciertos eventos históricos. En el oeste de Belfast todos somos bastante políticos. Así que, por supuesto, hemos oído hablar de la dictadura de Pinochet y demás. Era algo de lo que aprendíamos cuando jóvenes y por el solo hecho de ser políticamente activos en general.
No sabemos suficiente sobre la comunidad indígena en Chile, ni sobre su comida o sus bebidas. Por eso, esta es una de las razones principales por las que nos encanta ir a lugares nuevos. Por ejemplo, estuvimos en Aotearoa (Nueva Zelanda), donde nunca habíamos estado, y pudimos aprender un poco sobre la cultura maorí. Es algo muy importante para nosotros: nos gusta ir a lugares y aprender un poco sobre la cultura indígena, el idioma y quizás la comida mientras estamos allí.
A ustedes les ocurre algo similar en Irlanda, donde intentaron erradicar las lenguas indígenas. Pero ustedes tomaron este dialecto en particular y lo llevaron a la cultura del rave, al hip-hop y a la juventud. ¿Cuál fue el impacto de transformar un idioma que algunos ven solamente como una asignatura de colegio?
Como dijiste, para mucha gente de mi generación fuimos muy afortunados, porque fuimos quizás la primera o segunda generación que pudo aprender el idioma en la escuela en un entorno urbano. La primera escuela secundaria en el norte de Irlanda se fundó en 1991, así que fue muy tardío. Fuimos afortunados en ese sentido.
Durante mucho tiempo, el idioma —o la idea que se tenía de él— se consideraba algo muy tradicional, como una lengua inocente y hermosa, que lo es, por supuesto. Pero si vas al oeste de Irlanda, a lugares como Connemara o Gweedore, a estas comunidades pesqueras, el lenguaje que habla un pescador es bastante vulgar. Sin embargo, no querían pintar la idea del idioma como otra cosa que no fuera una pieza pura de museo.
Pero así no es como vive un idioma. Nosotros siempre hablamos de lo importante que era traerlo a la era actual. Dio la casualidad de que cuando empezamos a crear un grupo que se conectaba con la cultura juvenil, creamos palabras nuevas para ciertas cosas que no existían y que eran más para los jóvenes. Fue algo que ocurrió de forma natural en nuestro grupo de amigos. Y luego fue natural que eso pasara de las reuniones sociales a la música.
En las últimas semanas ha surgido un debate sobre la música y sus implicaciones sociales y políticas. ¿Qué tan significativa es la música en la construcción de la identidad?
Bueno, como siempre decimos: la revolución necesita una banda sonora. Creemos que los políticos o los oradores quizás están encasillados en lo que pueden o no decir, mientras que los artistas, músicos y poetas tienen un poco más de licencia para transmitir su punto de vista. Y creo que la gente escucha a los músicos y artistas con mucha más autenticidad de la que le atribuye a un político.
La música rompe fronteras. Siempre lo ha hecho en todos los idiomas. Nosotros rapeamos mayoritariamente en idioma irlandés (gaélico) y la mayoría de la gente en Irlanda ni siquiera entiende lo que decimos. Aun así, podemos ir a tocar a Chile, Argentina u otros lugares de Sudamérica, y no es porque entiendan lo que decimos, sino porque respetan de dónde venimos, nuestra postura política o lo que representa nuestra música.
No se trata de estar haciendo política constantemente, pero hay cierta postura en nuestras entrevistas y canciones con la que te identificas sin importar de dónde seas, porque ha ocurrido algo similar en todas partes, no solo en Irlanda.

La clase trabajadora en Chile se identifica mucho con la cultura del hip-hop. ¿Sientes que la fiesta, el hedonismo y el humor negro de ustedes sirven como formas de autodefensa frente a la falta de oportunidades del sistema?
Por supuesto. Siento que hay muchas preguntas distintas ahí para responder y que no tendríamos tiempo suficiente; esa pregunta da para más que una entrevista de 15 minutos (risas).
Pero creo que lo principal que me llama la atención es que en el País Vasco tienen un dicho que es: “Luchar, pero también festejar”. Ellos piensan que, al fin y al cabo, ¿por qué luchas si no es para ser libre y disfrutar de la vida? Y salir de fiesta es parte de eso.
Cuando ves el caso de Belfast y todo el conflicto histórico (The Troubles) que tuvimos durante los 70, 80 y 90, había lugares donde alguien de origen católico o republicano jamás habría tenido la oportunidad de mezclarse con alguien de origen unionista o protestante. Luego, en los 90, llegó la música rave a Belfast. Fue la primera vez que personas de distintos trasfondos se juntaron.
Obviamente había éxtasis (MDMA) involucrado en esas fiestas, y fue uno de los primeros momentos en la historia del Norte donde no importaba quién eras ni de dónde venías: todos solo queríamos música rave y bailar. Esas personas finalmente tuvieron un espacio de diálogo. Y el diálogo es lo que cambia el tejido de una nación; en un lugar dividido durante o después de un conflicto, el diálogo es vital.
Podríamos seguir hablando de esto eternamente, pero seguro tienes más preguntas.
Esta idea de hacer música pegajosa o pop, pero con estos mensajes con implicaciones políticas y sociales suele ocurrir en todas partes. En Chile ocurrió con Los Prisioneros. Es una suerte de “trampa” para captar atención…
Nuestras primeras canciones eran sobre salir de fiesta. Estaban en irlandés, pero eran sobre salir de noche. Tenían humor y ligeros toque de política, muy poco. Pero lo que pasó fue que a la gente le interesó el idioma y escuchar a personas hablar de fiesta en irlandés.
Luego, a medida que crecimos y maduramos, empezamos paulatinamente a ser más explícitos en lo político. Nosotros siempre fuimos personas políticas, incluso antes de Kneecap. Comenzamos a hablar de la solidaridad de la clase trabajadora: no importa si eres protestante, católico, republicano o unionista, tenemos mucho más en común como clase trabajadora que diferencias. Poco a poco fuimos entrando en entrevistas y conversaciones más políticas. Y así es como personas que tal vez no tenían ningún interés en la política y solo querían salir de fiesta, poco a poco se fueron interesando en ella también.

La música irlandesa vive un buen momento, con ustedes, Fontaines D.C. o Inhaler. ¿Por qué creen que esta “ola irlandesa” ha impactado en el mundo?
Creo que la escena musical irlandesa es muy pequeña porque Irlanda es muy pequeña. Para que esté teniendo este impacto ahora mismo, tuvo que haber un cambio: durante mucho tiempo, para que un artista irlandés tuviera éxito, tenía que ser considerado “bueno” en Londres, Los Ángeles o Nueva York. Irlanda estaba creando arte para la exportación; creaba arte para los estadounidenses o los ingleses. En cambio, creo que ahora los artistas irlandeses están creando arte para sí mismos, y la gente de todo el mundo está reconociendo esa autenticidad.
Además, tenemos géneros muy diversos. Como dijiste: Inhaler, Lankum, Fontaines D.C., nosotros… en papel no deberíamos estar tan alineados. Pero es ese trasfondo político irlandés del que venimos el que nos da este punto en común. Siempre hemos tenido buena música y buen arte, pero es genial que finalmente el mundo lo esté viendo.
La balaclava que usa DJ Próvaí en los shows utiliza la bandera irlandesa. En un momento donde la extrema derecha o los movimientos fascistas intentan apropiarse de los símbolos nacionales, no por patriotismo, sino para fomentar el racismo y la división. ¿Cómo ves este repunte reaccionario y cómo podemos recuperar la identidad popular de estos símbolos?
Es una pregunta muy difícil. Lo que puedo decir sobre Irlanda es que hemos tenido lo que llamamos un “nacionalismo orgánico”. El nacionalismo en Irlanda es muy diferente al del resto del mundo: siempre ha sido anticolonial. Por eso, si vas a un show de Kneecap, la gente sigue llevando la bandera tricolor, porque no tiene el mismo significado que podría tener una bandera estadounidense, por ejemplo. En nuestros shows ves la bandera de Irlanda y la de Palestina juntas al mismo tiempo.
Por supuesto, la extrema derecha en Irlanda también intenta usar el idioma irlandés como una fuente de orgullo nacionalista de derecha, cuando el idioma siempre ha sido anticolonial y una herramienta de apoyo a los pueblos oprimidos del mundo.
Lo curioso de gran parte de la extrema derecha en Irlanda es que ni siquiera hablan irlandés. He estado involucrado en la comunidad del idioma durante mucho tiempo y nunca los he visto. Pero ahora, de repente, cuando creen que pueden usarlo como un garrote o como una herramienta antiinmigración, me pregunto: ¿Dónde estaban ustedes cuando el idioma necesitaba ser salvado hace 20 o 30 años?
Han apoyado a Macklemore, y recientemente él anunció una gira a beneficio de Gaza y el pueblo palestino. ¿Formarán parte de esa gira? ¿Qué opinas sobre la idea de que la música deba o no ser política?
No sé si estamos involucrados en la gira, pero por supuesto que apoyamos a Macklemore.
Hay quienes quieren que la política y la música estén separadas, pero siempre hemos dicho que eso nos parece imposible. La música y la política tratan sobre las personas, y es imposible separarlas. Es curioso que decir “Palestina Libre” sea suficiente para que echen a alguien de una gira. Te hace preguntarte: ¿por qué?, ¿quién es el que no quiere escuchar “Palestina Libre” en estos eventos?

Vivimos en un momento increíblemente difícil, y muy difícil para los músicos. Pero, al fin y al cabo, como dijo Macklemore y como dijimos nosotros cuando sufrimos represalias: cualquier cancelación o veto que recibamos es algo marginal y diminuto en comparación con las dificultades que enfrenta la gente en Gaza.
A los músicos nos irá bien; no tenemos que preocuparnos cada vez que salimos de casa por si nuestra familia estará viva cuando volvamos. Así que creo que Macklemore estará bien y nosotros estaremos bien. Mientras tanto, todos debemos mantenernos unidos en un frente común contra el lobby sionista, porque ellos se mantienen muy firmes y unidos, por lo que es importante que los músicos hagamos lo mismo.