A paso lento y con movimientos sutiles, pero llenos de seguridad (casi como el reflejo de su propia obra), Alfilera se ha hecho paso en nuestra pequeña escena de música independiente con una interesante exploración sonora, que mezcla la simpleza del folk con arreglos complejos que beben de decenas de influencias.
“Detrás de las palabras”, su disco debut, fue una grata sorpresa en el año pasado que muchos conocieron de cerca al verla siendo parte de actividades del siempre inquieto sello Uva Robot. Pero más allá de las continúas colaboraciones, era momento de ver a Alfilera defendiendo su material propio.
Ese momento llegará este miércoles 29 de abril, cuando Alfonsina García (la música detrás de Alfilera) y su banda en pleno presenten este álbum en la Sala Master de la Radio Universidad de Chile.
Antes de este show, quisimos conocer más y viajamos un poco a su pasado, a los años formativos de esta artista, con sus experiencias iniciales como instrumentista y el momento en que llegó a componer su primera canción.

Tengo la impresión de que siempre estuviste en la música. ¿A qué edad llegó a ti?
A: Profesionalmente, supongo que desde el 2018 o 2019. Pero en la vida, desde muy pequeña. Era algo más ligado a mi familia; aunque no hay músicos de profesión, por parte paterna todos tocan instrumentos. Mi papá estudió en el conservatorio unos años, así que la música siempre estuvo en casa. En realidad, nunca me lo planteé como una profesión hasta muy tarde.
¿Tuviste algún instrumento de chica como flauta o guitarra?
A: Toqué el chelo desde los 9 años, más o menos. Ese fue mi primer instrumento “serio”. Antes de eso me gustaba cantar y tontear, cosas más lúdicas, pero estudiar música fue con el chelo.
¿Y qué música fue la primera que llegó a ti? ¿Qué discos o canciones?
A: Lo que se escuchaba en mi casa: una mezcla entre rock argentino de los noventa y Manu Chao. También había mucho de Elliott Smith y Nick Drake, una rama folk de ese estilo, y mucha música latinoamericana. Mi papá es muy fan de Silvio Rodríguez, Víctor Jara, de Charly…
Siento que hay una ramificación: influencias latinoamericanas y un folk más underground. Ah, y Radiohead también. Mi papá escuchó el OK Computer y se quedó con eso. Yo me lo pillé en la casa siendo adolescente, a los 13 o 14 años, y me obsesioné de forma muy dura. Escuché toda la discografía y ahí sentí que hubo un antes y un después.

¿Algún disco que le hayas “robado” a tu papá para escuchar sola en tu pieza?
A: Lo que más rescaté de él fue el rock. Recuerdo que le saqué un disco de Yes, el Close to the Edge, ese clásico verde. Fue la primera vez que escuchaba una canción progresiva que no terminaba nunca, que iba mutando y tenía un montón de partes. Fue como: “Wow, esto es una posibilidad, existen discos de esto”.
También Los Jaivas fueron una influencia importante. Entender algo tan arraigado a nuestra música, pero influenciado por esa corriente. Me dieron ganas de saber mezclar de esa manera, como saber fusionar cosas de universos distintos en algo que los reúna.
Cuando decidiste dedicarte a la música, ¿pensaste que harías algo cercano a eso?
A: No, no, salió de forma involuntaria. Yo no me acerqué a la música pensando en hacer canciones; no me considero naturalmente una cantautora. Mi trabajo siempre fue más de arreglista o intérprete y por eso siempre he estado en esa vereda. El momento en que decido componer fue porque entré a estudiar música popular (en la UNIACC), donde todos hacían canciones.
Ahí conocí a la Lore (Laurela). Ella es muy especial, tiene un universo increíble. Yo venía haciendo solo música instrumental y me puse a escribir, a ver qué pasaba. Empecé a juntar escritos con música que ya tenía. Es un oficio difícil; no se me da natural, es algo que tengo que dar varias vueltas. El disco salió un poco así, creo que igual se nota como con madureces distintas en las canciones y las letras. Reúne canciones desde el 2017 hasta el año pasado.
¿Cómo fue hacer tu primera canción?
A: ¡Fue terrible! Fue una tarea de la universidad. Yo decía: “Pero si yo no hago canciones”, y me respondían: “Tienes que hacerlo aunque sea mala, no te atrapes”, que es como lo peor que le pueden decir a una persona (risas). Yo tenía unos 20 años y yo toda complicada, no sabía por dónde partir.
Hice “Indeleble”, que terminó siendo el single del disco. En ese momento estaba atravesando una pérdida y traté de hablar de eso de forma no tan literal. Estaba obsesionada con Cerati y cómo conjugaba cosas. Cuando la presenté en clase, terminé y hubo un silencio gigante. Pensé que todo estaba pésimo, pero mis compañeros y la profe quedaron impactados. Entonces fue ok, supongo que la canción tiene “algo”.