"Si tú no estás" o cómo Los Jaivas superaron la primera pérdida

Los-Jaivas

El 15 de abril de 1988, a cinco días de un concierto en el Teatro Teletón de Santiago, Gabriel Parra, baterista de Los Jaivas murió en un accidente automovilístico en Perú. Tenía 40 años.

Cerca de 100 mil personas salieron a las calles a despedirlo y es uno de los funerales más multitudinarios que la Quinta Región recuerde. Sus restos quedaron perpetuados para siempre en el Parque del Mar, en Concón.

Su pérdida, la primera para la banda, fue un balde de agua fría para los hermanos Parra, Mutis y Alquinta quienes dudaron en continuar con el proyecto. Pero había que hacerlo: Gabriel, el más trabajólico del grupo, ya había empezado la grabación de un nuevo álbum. Terminarlo, entonces, se convertía en una misión que cumplir.

Parra, el hombre tras los tambores, registró en un bosque de Woodstock dos maquetas que, a la postre, serían la base para el nuevo disco de la banda. “Aguamarina” y “El dormilón imposible” fueron el testamento sonoro de Gabriel registrado palmo a palmo con el Pajarito Canzani, bajista oficial de Los Jaivas cada vez que Mario Mutis decidía tomarse un descanso del grupo.

A solo cuatro meses del deceso, se reúnen en París Eduardo “Gato Alquinta”, Claudio y Eduardo Parra, Pájaro Canzani, Mario Mutis -quién viajó especialmente para participar-, Juanita Parra (hija de Gabriel) y el baterista Marcelo Muñoz (sobrino de Alquinta) para terminar el disco que ahora se vestía con tintes de tributo.

Recuperando ese sentido de “clan” y familia, la banda se concentró en resumir solo en ocho canciones el espíritu musical inconcluso del baterista. Así, por ejemplo, nace “Rosas en el jardín” con letra de Eduardo Parra inspirada en el jardín de la casa de Gabriel y hecha sobre una base de laúd, instrumento que el músico había traído desde Perú.

“Eso fue tremendo para el grupo. Nos formamos todos juntos desde niños, construimos un lenguaje musical entre todos, y de repente estar sin ellos en un escenario era absurdo. ¿Cómo estar sin Gabriel, que diseñó la batería de la banda? ¿Qué hacemos?”, recordaría Mario Mutis en entrevista con El Mercurio en 2013.

“Si tú no estás, ¿Cómo podré olvidar? La vida aún, amándola tanto, no la siento igual”, reza la canción homónima que años más tarde fuera rescatada por Álvaro Henríquez de Los Tres en clave cueca.

El trabajo de la banda en París tuvo como resultado un disco con guiños al new-age, electropop y la balada, alejándose un tanto de la experimentación y el rock progresivo que parecían ser un sello de la banda.

“Este disco es una cuestión de añoranzas. (La muerte) nos golpeó muy fuerte, no pudimos resistirlo. Uno dice que es músico y tiene que seguir la existencia de que es es, pero ya no era lo mismo”, resume Eduardo Parra desde París.

Como portada fue elegida una pintura al óleo de René Olivares, colaborador de la banda, quien apenas se enteró del deceso pintó “una noche azul con una sola estrella verde opaca alta ondeando al viento y cuatro rosas amarillas flotando”, según se describe en el libro “Los Jaivas: 50 años de historia”.

La edición del disco a mediados de 1989 por la CBS supuso una pequeña vuelta a los escenarios de la banda para presentar el material en vivo. Con una gira promocional y con la inclusión en vivo de Marcelo Muñoz (batería), Pájaro Canzani (bajo) y el músico Luis Nuñez (en charango) Los Jaivas completaron sus últimos momentos antes de un receso que empezaría en 1990 y duraría 5 años.

En medio de un futuro incierto, la banda editó de manera posterior “Jaivas en vivo: Gira 1988” (1991) también conocido como “La Bota”. El caset contiene registros grabados aquellos días de abril en el Teatro Teletón, con el último concierto de Gabriel en la batería y con Mario Mutis como invitado especial. Casi sin pensarlo, para la eternidad quedaría registrada la última vez de los cinco jaivas originales sobre un escenario.


Comentarios

CONTENIDO RELACIONADO