"Surfer Rosa" de Pixies: un impecable alboroto

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Corría 1986 cuando un joven Charles Michael Kirtridge Thompson IV, ahora conocido en todo el mundo como Black Francis, estaba aburrido de la universidad y desertó por estar con la mente enfocada solamente en la música. Tras convencer a Joey Santiago de hacer lo mismo e invitar a Kim Deal y Dave Lovering a formar una banda fue cuando se originó el big bang de los Pixies.

Una vez juntos, rápidamente se encumbraron en la misión de tocar y grabar sin parar, ahí fue cuando inventaron su tan único sonido cual plasmaron en el EP “Come On Pilgrim”, grabado tan solo dos veces. Ivo Watts-Russell, en ese entonces director de la discográfica británica 4AD, les dijo que volvieran en otro momento al estudio para grabar un larga duración.

Dicho y hecho, el cuarteto de Boston regresó al estudio pero con el ingeniero en sonido Steve Albini dentro del equipo. Albini, quien tenía fama de antisocial cuando de grabar voces se trataba, le dio un solo día a la banda para trabajar en ese aspecto, comparado con las dos semanas dedicadas netamente a las guitarras. El resultado: un sonido colérico, muy melódico y lleno de dinamismo cortesía de Thompson, “Surfer Rosa”.

El primer larga duración de los Pixies es sin lugar a duda brillante. Hasta el día de hoy es elogiado por la crítica y agarra lugar en rankings profesionales de los mejores álbumes de todos los tiempos, siendo inclusive fuente de inspiración directa de bandas como Dinosaur Jr. y músicos como Billy Corgan, PJ Harvey y Kurt Cobain, quién en más de una ocasión lo afirmó al momento de hablar de “Nevermind”.

Y todo está muy bien justificado, partiendo porque “Surfer Rosa” es una verdadera ensalada de ideas ejecutada como si fuera una colisión mortal que no deja de rebalsar fuerza. Partiendo por sus estruendosas guitarras y penetrantes baterías que sumadas a los desquiciados chillidos, rugidos sin sentido y brochetazos de frases en español de su vocalista, no dejan indiferente a nadie. Además, las letras de las canciones, que fusionan varias aristas completamente opuestas como aires religiosos -causa de la educación basada en la biblia de Black Francis– y mutilaciones, no hacen nada más que causarte un gran apetito de curiosidad.

Y esa es una de las principales gracias, escucharlo completo de comienzo a fin. Es un ticket gratuito para subirse a la montaña rusa de las emociones expresados a través de las tantas subidas y bajadas de volumen, partiendo por los ritmos triturados de “Bone Machine”, la canción de bienvenida que de un momento a otro logra deslizarte por las quebrantadas guitarras de “Break My Body”.

O la voz, qué, subordinada de la guitarra en “Something Against You” después se torna en la traviesa, popera y chirriante “Broken Face”. Por otra parte también está “Gigantic”, la única canción donde Kim Deal -que sale como Mrs. John Murphy en los créditos- es la cantante principal, haciendo del voyerismo el protagonista. Para lograr un efecto de eco más real en esta canción, Albini la grabó desde el baño del estudio, lo mismo hizo con “Where Is My Mind?”, quizás la más aclamada y popular.

Actualmente una de las canciones más conocidas de la banda y declarado como uno de los más extraños himnos musicales, es una pieza surrealista que ni siquiera fue sencillo, sin embargo, se hace inevitable no prestarle más atención a medida que el disco avanza. Y debe ser porque es uno de los temas que concentra la mayor cantidad de características típicas de ellos. Y el mayor protagonista del pegor, son las líricas que carcomen tus pensamientos luego de escucharla, se transforma en un asunto personal.

“Where Is My Mind?” se coronó oficialmente como un clásico de la cultura pop luego de ambientar el anestésico final de la película de David Fincher, “Fight Club”.

Las extrovertidas canciones como la ladrada “Tonys Theme” y “Vamos (Surfer Rosa)” son el reflejo del concepto de la chica surfista que camina por la playa que imaginaba el líder de la banda. Al igual que “Oh! My Golly!”, que más tarde se convirtió en la pieza clave para decidir el nombre del álbum y la temática de su portada, el final de la canción, se encuentra adjunta una conversación que tuvo Francis con Albini durante el proceso de grabación.

La portada del álbum, por otra parte, es el retrato de una conocida de la banda, una amiga de una amiga como dirían, capturada por Simon Larbalestier quien más adelante seguiría tomando fotos para los Pixies. La idea, supuestamente fue del frontman luego de ir al bar de topless de su padre al que recurría de vez en cuando para pasar el rato y componer.

Una vez brillando la ampolleta, hicieron el escenario donde pegaron un póster, que luego rompieron, además del crucifijo. Esto en un bar frente a las oficinas de la compañía discográfica. El resto de las fotos de la sesión se encuentran dentro del libreto del álbum, donde no hay ningún tipo de letras ni texto aparte de los créditos.

En síntesis, “Surfer Rosa” es una electricidad demasiado potente y maníaca, pero intrigante y absorbente que armado con una redondez brillante te obliga a escucharlo de comienzo a fin siguiendo su orden lógico. Cada vez que se repita te muestra algo nuevo, porque es una brutal preciosidad que si pudiera personificarse y cobrar vida, sería la persona más interesante que alguien podría conocer.


 

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