Peggy Olson: la protagonista secreta de Mad Men

Peggy Olson 1

<-¿Quién eres?
-Soy Peggy Olson, señor. La chica nueva.

Mad Men comienza en marzo de 1960, en el primer día de trabajo de MargaretPeggy” Olson (Elisabeth Moss) como la nueva secretaria de la agencia de publicidad Sterling Cooper, en plena Avenida Madison de Nueva York.

Acoso laboral, insinuaciones machistas, sus primeras pastillas anticonceptivas y la iniciación de su vida sexual son parte del primer día de Peggy en la Gran Manzana. Su nuevo mundo es un tanque de tiburones que las mujeres prefieren flotar para sobrevivir.

Donde otras ven osadía y un comportamiento que no se condice con lo que debe ser una mujer que se precie de tal, ella ve una oportunidad. Es la nueva chica, pero al aprender a nadar y sumergirse en el tanque, se convierte en mucho más que la nueva secretaria de Don Draper, sino que encarna a un nuevo tipo de mujer.

Las opciones para las mujeres son reducidas en el mundo de Mad Men: eres como Joan, la encarnación misma del poder que conlleva la sensualidad y coquetería; o eres Betty, la esposa trofeo que espera en la casa con la cena servida y los niños durmiendo.

Al no querer imitar ninguno de esos ejemplos y al no tener un referente femenino poderoso al que seguir en la oficina, Peggy ve en los hombres -especialmente en Draper- el modelo para avanzar. De esa forma, dibuja un camino completamente insospechado, pero que le pertenece completamente a ella y de a poco su entorno lo empieza a notar.

Mientras sus compañeras se vuelven locas al probar los labiales Belle Jolie, ella observa, analiza y elabora la primera de muchas líneas que escribirá como redactora en Sterling Cooper, inmediatamente recibiendo la incredulidad del bonachón Freddy Rumsen.

De aquí en más, se asegura en no ser uno de los cien colores en una caja. Peggy no es una más.

Peggy: Aquí está tu cesta de besos.

Freddy: Es adorable, ¿quién te dijo eso?

Peggy: Nadie. Lo pensé yo.

Para Olson, el trabajo y su profesionalismo es lo primero en su vida, por sobre esas parejas que nunca fueron lo suficientemente importantes como para dejar la oficina para cenar juntos a la luz de las velas, e incluso por encima de su propia familia.

Su gran motor para avanzar, destacarse y el único lugar en el que se siente ella misma, es la agencia donde la han dejado mostrar su talento, a pesar de seguir recibiendo el desdén de los tiburones que ha sabido esquivar.

¿Su gran mentor? Don Draper. A la hora de las comparaciones, el talento y su importancia en la historia, Peggy es Don hecho mujer, pero con la estabilidad emocional y el amor propio que el hombre fuerte de la oficina carece.

Junto a Draper (Jon Hamm), forjan la relación más significativa de la serie. “The Suitcase”, considerado como el mejor capítulo de Mad Men, está centrado en una larga noche de trabajo durante el cumpleaños 26 de Peggy, mientras ambos evitan urgencias personales: la muerte de un ser querido y el término de una insuficiente relación romántica.

Es Don quien la empuja a superar sus propios límites. Cuando la joven decide no quedarse con el hijo que tuvo en la primera temporada, Don es la única persona que la visita en sus días internada: “Te sorprendería saber cuántas cosas no han pasado”, le dice para luego reencontrarse en los pasillos de la oficina, su mayor refugio.

Lo mismo en “The Strategy”. Ella se cuestiona no haber seguido el camino de toda mujer y se pregunta qué hizo mal. Allí, a sus 30 años, vulnerable como nadie la ha visto, sin una familia convencional, trabajando hasta altas horas de la noche y mientras “My Way” de Sinatra comienza a sonar en la radio, Draper la vuelve a empujar: “Lo estás haciendo bien”.

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“Algún día, la gente va a presumir de haber trabajado contigo”

No es casual que al día siguiente de una de las mayores hazañas de la humanidad, la llegada de la misión Apollo 11 a la Luna, Peggy gane para la agencia una de las cuentas más importantes de su carrera, junto a un relato completamente emotivo y auténtico. No existe el humo de la publicidad, pues para ganarse a Burger Chef, Peggy es pura estrategia y corazón.

No hay personaje en Mad Men que sufra y disfrute de más transformaciones que Peggy Olson. Llegada la década de los 70, la chica nueva, ilusa y asombrada con cada nuevo detalle se pasea incólume, siendo respetada por su entorno; sus ascensos laborales son parte del premio por ver un futuro en ella que nadie más vio.

Tras un criticado final, ya que no era habitual verla en una escena tan romántica y cursi como fue la declaración de amor de Stan Rizzo, la chica de Brooklyn obtiene todo lo que siempre quiso: el trabajo, el reconocimiento a su talento y una pareja que la conoce y valora por todos sus aspectos, incluso la excesiva prioridad que le entrega a su trabajo, porque la entiende como su más grande pasión.

Peggy Olson quería tenerlo todo. Su personaje lo merecía y así la vemos por última vez, disfrutando de cada aspecto importante de su vida, los que logró pavimentando su propio camino. Uno por el que muchas comenzaron a caminar detrás de ella.

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