No basta. Crónica del abuso a la mujer y su normalización

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            Durante esta semana el mundo de la música independiente argentina sonó más fuerte que nunca en los medios de comunicación latinoamericanos, pero desgraciadamente por motivos muy poco felices. Al mediodía del sábado 16 de abril, Mailén (22) dio a conocer mediante Facebook un video en el que relataba con detalles la violación que sufrió por parte de José Miguel del Pópolo (29), líder de la banda indie La Ola Que Quería Ser Chau. El video de 12 minutos de duración es fuerte, duro, oscuro, triste; como todo testimonio de una experiencia con ése nivel de violencia. Mailén, quien había tenido un romance con ‘Migue’ hace tiempo atrás, cuenta que luego del show que la banda dio en Niceto Club (Capital Federal, Buenos Aires) el 10 de abril, se dirigió junto con el vocalista a la casa de éste y pudo salir de ahí sólo a la mañana siguiente, cuando éste se encontraba dormido: “Fui a su casa y terminó abusando de mí, pidiéndome que le dijera que yo era su nena. Yo no quería y él me lastimaba para que lo dijera: me apretaba la cara, me sacaba la lengua y me metía los dedos en la garganta. En todo momento yo lloraba y le pedía por favor que no lo hiciera y él me decía que eso lo excitaba mucho más“, fueron algunos de los macabros hechos que relató la víctima.

A los pocos minutos de ser publicado el video de Mailén, un nuevo testimonio salió a la luz: el caso de Rocío (30), ex novia del también cantante de Los Migues. En ésta grabación, Rocío -además de dar cuenta del maltrato y manipulación que vivió a lo largo de toda la relación y que terminó con una violación al momento en el que ella quiso terminar con él- rememora cómo su ex pareja mantenía contacto cercano con niñas menores de edad (fue novio de una chica de 13 años, teniendo él 22), además de ser poseedor de un amplio catálogo de pornografía infantil entre sus documentos.

Ambos casos fueron denunciados ante la policía argentina y rápidamente comenzó una campaña vía redes sociales para repudiar el accionar de José Miguel del Pópolo (en la foto de más abajo) y, por consiguiente, de todos los hombres que se creen con el derecho a abusar física y/o psicológicamente de las mujeres. De la banda de del Pópolo sólo dos de sus integrantes (Fradi y Giuli) dieron declaraciones públicas en las que manifestaron su malestar ante los hechos, su apoyo incondicional a las víctimas y anunciaron además su salida de la banda producto de lo acontecido. Por otra parte, algunas de las bandas que compartieron y compartirían escenario con La Ola no tardaron en mostrar su rechazo ante los hechos y cancelar recitales que tenían agendados con la agrupación o hacer un llamado a no consumir más su música.

            Ok. Hechos horribles, hechos que cuando llegan a nuestros oídos nos entristecen, nos dejan con un sabor amargo, nos aprietan el pecho, nos violentan, inclusive. Mucho se ha hablado en los últimos años de esta enfermedad/padecimiento/psicopatía llamada machismo que se ha normalizado por los siglos de los siglos y que algunos soñamos con erradicar de una vez por todas por medio de marchas, campañas, panfletos, flyers, ciclos de cine, charlas con amigos, canciones, #hashtags. Pero, ¿Cuánto de todo este accionar tenemos concretamente en nuestra cotidianeidad?, ¿Cuántas veces nosotrxs mismxs hemos sido testigos de algún tipo de violencia entre parejas y hemos guardado silencio, naturalizando el acto?, ¿Cuál es el trecho real entre el dicho y el hecho?

El mismo día sábado, en un concierto que ofrecía la banda Massacre en la ciudad Mendoza, su vocalista Wallas se refirió al tema en cuestión y dijo: “La piba ésta del video dijo que la violó dos veces, ¿qué hizo en el medio? ¿se fumó un pucho esperando que volviera?”. Después de que estas declaraciones fueran duramente criticadas por todos sus seguidores y no-tanto, Wallas pidió perdón. En fin. Frente a esto hay dos opciones: podemos seguir revolviendo la mierda, claro que sí, o podemos tomar la actitud de Wallas para hacer visible y entender el pensamiento que tiene mucha respecto al tema del abuso sexual: “Fue culpa de ella porque fue a su casa” o “las mujeres inventan este tipo de cosas para tener atención”, entre muchas otras. ¿De qué nos sirve conocer este pensamiento retrógrado, machista y horrible? Puede servir para darnos cuenta en qué suelo estamos parados, cuán lejanos estamos de un mundo igualitario y cuán espantosa es la actitud no sólo de quien viola, sino de quienes nos enteramos que una persona ha sido abusada. Otro problema más.

Sumando historias…

A partir de la polémica que desataron estos videos se hizo presente un tema que podríamos fácilmente titular como “rock y abuso sexual: una historia sin fin”. Sí, así de crudo, así de horrible, así de real. Es que llega un momento en el que parece mejor hablar las cosas como son, ¿no?, sin disfrazarlas, sin tratar de que suenen menos perversas de lo que realmente son, sin seguir tratando de defender o encubrir lo indefendible.

El año pasado fue publicado un blog en el que algunas chicas revelaban haber sido abusadas por Cristián Aldana, vocalista de El Otro Yo (banda argentina con más de 25 años de trayectoria), cuando eran menores de edad. El blog fue de público conocimiento pero no logró hacer demasiado ruido sino hasta ésta semana, momento en el que, gracias a lo expuesto en el blog, se abrió una página de Facebook (Víctimas de Cristian Aldana) en la que se le acusa abiertamente al músico mediante diversos testimonios de víctimas, de acoso y abuso a menores de edad. Las declaraciones dadas por las ex seguidoras de El Otro Yo cuentan en detalle cómo Aldana se acercaba a ellas y terminaba forzándolas a realizar diversas prácticas sexuales con él. Mientras Aldana no se ha referido a estas acusaciones y en el Facebook oficial de la El Otro Yo desaparecen los comentarios de usuarios que denuncian al líder de la escena alternativa de principios de los dosmil, numerosas bandas han decidido –al igual que con el caso de La Ola Que Quería Ser Chau- cancelar las próximas fechas en las que compartirían público y escenario.

Con la reaparición de este tema se han generado reacciones diversas y una repentina activación de la memoria colectiva:

1) 1997. Ciro Pertusi, cabeza de la banda Attaque 77, en una entrevista confesó su fascinación por las menores de edad y admitió que hasta en ocasiones las seguía y les “decía cosas”. Esta entrevista volvió a cobrar vida en los últimos días y Pertusi se defiende diciendo que lo sacaron de contexto y que tergiversaron sus palabras. ¿Cierto o no? Ni idea.

2) 1987. La joven periodista Alicia Barrios entrevistaba el destacado músico de blues argentino Pappo. Salió el tema del abuso sexual en el rock y Barrios le contaba un episodio de acoso que ella misma había vivido por parte de un reciente entrevistado, a lo que Pappo responde “es que uno siempre tiene ganas de violar a gente linda como vos”. Quedó ahí. Pappo siguió siendo un groso para todos, a pesar de también haber sido acusado de violar a numerosas chicas durante su vida.

3) Ricky Espinoza, líder de la banda punk Flema, dejó embarazada a su novia Valeria de 16 años y la abandonó. O nadie se acuerda de esto o esta misma “anécdota” aporta a su mitología como gran figura punk distorsionada y hermosamente enferma. Cosas que pasan (?)

            Y de esas hay millones más (y no sólo en el ámbito musical, claro ésta). ¿Será que nuestra sociedad deja pasar la mayoría de estos casos porque se observan bajo un ojo de “las excentricidades propias los artistas”? Es sabido que la mitología que rodea a un artista hace que aumente la curiosidad del público por conocerlo, por saber un poco más, por consumir de ése producto ¿Será que al público le resulta de alguna manera atractivo que sus ídolos sean estos seres loquillos e incomprendidos que, de cuando en vez, realizan actos muy poco agradables? Buf, quién sabe. Lo cierto es que estas noticias de abuso y acoso aparecen constantemente y luego se esfuman, así, tal como un one-hit wonder.

¿Y entonces, qué sigue?

Bien. Se destaparon algunas cositas, el tema está sobre la palestra, los titulares muestran fotos de excéntricos personajes siendo atacados hoy por la muchedumbre que exige justicia para las mujeres, respeto, consciencia, amor. Repito: Bien, pero ¿Cuánto va a durar? Seamos sinceros y hablemos de lo volátiles que son las cosas hoy. Todos los días hay un hashtag nuevo, todos los días alguien escribe en su red social lo penosa de la situación tanto del machismo cotidiano como del poder también machista que ejercen los ídolos frente a las mujeres “comunes y corrientes” . Todos los días hay alguien jactándose de cuán fuerte va a golpear a ese personaje abusivo si se lo encuentra por la calle. Y como éstas, hay muchas reacciones públicas diversas, mucho griterío silente en las redes sociales, mucho discurso feminista dando vueltas, pero siguen pasando las mismas cosas. Noticia hoy, normalidad mañana. Esto no significa que estemos esperando que de la noche a la mañana se extirpen estos males sociales de raíz, pues bien sabemos que es una tarea más que complicada y que se necesita educación, consciencia y muchas otras armas de construcción masiva, pero sí pretendemos que haya un cambio de paradigma que ayude a cambiar la situación. Los titulares de populares diarios como La Cuarta que presentan los temas de abuso y maltrato realizados “en el nombre del amor”, deberían ser la primera cosa que se elimine.

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            Es difícil tratar estos temas. Es difícil porque, aparte de exigir cárcel y/o internación psiquiátrica a quienes han cometido este tipo de delitos, a todos los que nos quedamos fuera de esas instituciones nos toca velar por no seguir alimentando una mentalidad enfermiza, por no seguir amparando actitudes violentas entre pares, y esa es una tarea diaria en la que no tenemos solución más concreta que el cambio individual potenciado con apoyo de los medios y la educación de respeto e igualdad desde pequeños.

La realidad actual, tanto en el diario vivir como en el ‘noticia de último minuto’, exige que no callemos, pero no que no callemos una semana, sino que no callemos nunca. La realidad actual exige y necesita tanto que los rockeros como los indie como los músico-de-cualquier-género/persona-de-cualquier-lugar se saquen cierto estereotipo de ellos mismos y de sus fans que al parecer se ha ido alimentando en toda la historia de la humanidad. No basta con poner frases bellas en las canciones o admitirse feminista porque ‘es la que va’ en los tiempos que corren. No basta con dejar de seguir a una banda porque el vocalista hizo tal o cual cosa horrible. Tampoco basta con escribir esta publicación y sinceramente no sé qué es lo que bastaría, pero un punto de inicio clave es dejar de invisibilizar la violencia, el maltrato, el abuso; y dejar de invisibilizarlo siempre, no a veces, no cuando aparece una noticia más, sino en todo momento, en todo lugar, en toda relación. Es que mucho más allá de ésta reciente noticia que impactó al circuito musical argentino fuertemente, hay un tema de fondo que es importante y que nos llama con voz fuerte a sacarnos los audífonos y a actuar con amor; a no normalizar la violencia de ningún tipo, no bajarle el volumen, no dejarnos llevar por los comentarios del tipo “ella fue a su casa”. La chica dijo “No”, simplemente. Y como de chiquititos nos enseñaron en nuestras casas: “No es No”. Punto final. Hagamos que sea el punto final.

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