La rock ha quedado huérfano: Chuck Berry (1927-2017)

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“Si alguna vez el rock ‘n’ rol tuviera que cambiar de nombre, se rebautizaría Chuck Berry” dijo John Lennon a mediados de los ’70, al referirse sobre uno de los mentores de su carrera y que hoy partió de este mundo.

A la edad de 90 años, y luchando con un decaimiento físico que se hizo evidente en sus bochornosas presentaciones en los últimos años, Chuck Bery falleció, dejando así un legado enorme de éxitos imborrables e inspiradores del rock, como “Maybellene”, “Roll Over Beethoven”, la oda a la masturbación “My Ding-a-Ling”, “Rock and Roll Music”, “Sweet Little Sixteen”, You Never Can Tell” (memorable por su redescubrimiento en “Pulp Fiction”) y por supuesto, “Johnny B Good”, canción que conocemos todos sea por su registro original, algún cover o la memorable escena de la primera parte de “Volver al Futuro”.

A diferencia que muchos rockeros de su estirpe, fue un tipo que se la valió por sí mismo en toda su carrera. Sin un tipo como el Coronel Parker a su lado, Chuck se manejaba solo, armaba y desarmaba proyectos a su gusto, lo que significó una serie de traspiés que llegaron a tenerlo tras las rejas en varias ocasiones. Su mal carácter y arrogancia no evitó que algunos de sus fans celebres como Keith Richards y el mismo Lennon pudieran compartir escenario y proyectos, como una forma de devolver por la sabiduría entregada al mundo.

De paso, como se valía de su genio y su maestría con sus manos, llamó la atención por ser uno de los pocos músicos reconocidos en no tener una banda estable, y programar conciertos en todo el mundo donde contrataba músicos locales para que lo acompañarán. Así fue en su debut en Chile, un paso casi anecdótico en “Vamos a Ver” en octubre de 1980, donde fue presentado por el conductor Raúl Matas como “un artista cuya influencia ha llegado a dimensiones inimaginables, es más, Los Beatles cantaron sus canciones”. Hasta ahí llegó sólo acompañado de su guitarra, y tocó algunos de sus éxitos junto a los hermanos Patricio y Juan Salazar (batería y bajo, respectivamente) y el maestro Carlos Corales en guitarra.

Su regreso en el 2013 fue menos memorable, con un show de una hora en el que sus capacidades limitadas con el paso del tiempo, hicieron que la presentación se viera frenada constantemente con un Chuck errático, perdido en su propio repertorio y una banda (formada por sus propios hijos) que no estaba a su altura de su leyenda. Sin embargo, muchos de los presentes esa noche en el Movistar Arena dejaron pasar por alto las fallas, por el hecho de estar viendo a uno de los pocos genios que quedaban del rock and roll, junto a otros sobrevivientes de esa vertiginosa ruta como Little Richard y Jerry Lee Lewis.

Hasta siempre al maestro del “paso del pato”, dueño de parte de los riffs más inspiradores y robados de la historia del rock, y que mandó a la casa a Beethoven, para hacer latir el corazón del mundo entero al ritmo de su peligroso rock.

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