El día en que Grace Slick intentó darle LSD a Nixon para detener la Guerra de Vietnam

Slick Nixon

Los años 60 fueron una época turbulenta en Estados Unidos: los movimientos de liberación se tomaban las calles, las protestas contra la guerra de Vietnam se radicalizaban y el consumo de drogas se había masificado entre los jóvenes.

La victoria de Richard Nixon en las elecciones de 1968 tensó aún más la situación. Otros países vivían situaciones parecidas: México, Francia e Italia, por poner algunos ejemplos, eran escenarios de movilizaciones masivas protagonizadas por actores que hasta el momento siempre habían estado fuera de la política: los jóvenes.

Defraudados porque las promesas de libertad del capitalismo no se habían cumplido, las nuevas generaciones abandonaron los valores tradicionales para buscar la felicidad individual a través del amor, el sexo y las drogas.

Y claro, a través de la música. Especialmente a través del rock psicodélico.

Bandas como The Doors, The Jimi Hendrix Experience y Jefferson Airplane se tomaron la escena musical en Estados Unidos y alcanzaron la cumbre en el Festival de Woodstock en 1969, y llamaban a la liberación y a la expansión de la conciencia mediante el uso de alucinógenos.

La invitación

Una de las figuras más importantes del rock psicodélico era Grace Slick, la vocalista de Jefferson Airplane que, como la mayoría de los que se movían en el ambiente contracultural de los 60, era una férrea defensora del LSD y opositora a la Guerra de Vietnam.
Por eso, cuando la cantante recibió una invitación a una fiesta en la Casa Blanca organizada por la misma hija del presidente y antigua compañera de universidad, Slick ideó un plan para abrir la mente de Nixon y poner fin de una vez por todas a la guerra.

Para esos años, la cantante ya había tenido varios problemas con la ley y era reconocida como un símbolo de la contracultura que la administración tanto combatía. Sin embargo, su presencia en la lista de invitados pasó desapercibida, ya que la invitación estaba dirigida al nombre real de la cantante: Grace Wing.

El día de la fiesta

Slick aprovechó la oportunidad y se presentó en la Casa Blanca el 24 de abril de 1970 con 600 miligramos de LSD escondido bajo las uñas: “Me imaginaba charlando con Nixon mientras sostenía el LSD en la punta de mis uñas y todo lo que tenía que hacer era ponerlo dentro de su taza con un sutil gesto”, declaró años más tarde.

Como si el plan no fuera lo suficientemente arriesgado, invitó a su amigo Abbie Hoffman, un reconocido activista que había sido juzgado por conspiración e incitación a la violencia y que estaba en la mira de las autoridades de la época. Hoffman, para pasar desapercibido, se puso un traje, se peinó el cabello hacia atrás y se hizo pasar por el guardaespaldas de Slick. Según la cantante, parecía un mafioso.

Sin embargo, las precauciones fueron insuficientes. El plan se frustró cuando uno de los guardias reconoció a Hoffman y le impidió la entrada al recinto alegando que la fiesta era “solo para mujeres”. En ese momento, el activista sacó una bandera negra con la imagen de una hoja de marihuana multicolor y junto a Slick la colgaron en la entrada de la Casa Blanca antes de salir corriendo.

Años más tarde, la cantante supo que Nixon ni siquiera había asistido a la fiesta.

En una entrevista de 2011, Slick reflexionó sobre el episodio: “El LSD era algo nuevo por aquel entonces. Abrió nuestras mentes y nos dio una nueva percepción de que la realidad no era solo una cosa. Eso nos entusiasmó. Pero también es algo terrible si tu cabeza no está en el lugar correcto. Así que, pensándolo a posteriori, nuestra reivindicación del LSD era algo peligrosa”

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