¿Una despedida?: dos respuestas al mito tras "Blackstar", la última exhibición de David Bowie

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Hoy se están cumpliendo 5 años del fallecimiento de David Bowie, quien en 2016 lanzó el que sería su último disco de estudio. Un oscuro trabajo de solo siete canciones que dos días después de lanzado, cuando el mundo quedase devastado por la sorpresiva muerte del “duque blanco”, muchos acogerían como un Bowie claramente asumiendo su mortalidad.

Sin embargo, eso parece no ser del todo cierto. O así lo acaba de negar uno de los últimos colaboradores del músico, quien ha revelado que el británico tenía nuevas ideas al momento de su deceso:

“Hay una narrativa de Blackstar siendo esta especie de despedida, lo que entiendo completamente. Pero eso coexiste con el hecho de lo muy creativo que era. Planeaba hacer más cosas“, cuenta Donny McCaslin a NME, en una historia oral que marca los cinco años del álbum en el que él lideró el conjunto de jazz de Nueva York que fue parte de la instrumentación.

Pero no solo eso, ya que entre McCaslin y Bowie salió también la idea de realizar algunos conciertos: “Hablamos de hacer un pequeño ensayo y prueba de sonido, aunque, por su puesto, iba a depender de cómo se sentía”. Además de mencionar que “[Bowie] estaba trabajando en nueva música y quería grabar en enero”.

No obstante, al contrario de las palabras del jazzista, para Robert Fox, productor y amigo de Bowie, el músico sí estaba consciente de la etapa en la que se encontraba: “No, él lo sabía. Pienso que lo sabía. Ciertamente, alrededor de Lazarus, estaba claro de que no habría nada más, salvo un milagro“, menciona.

El 7 de diciembre de 2015 fue el día en el que se pudo ver por primera vez  Lazarus, un musical escrito por Bowie basado en el libro “El hombre que cayó a la Tierra“, de Walter Tevis (historia que tuvo una adaptación al cine en 1976 que él mismo protagonizó). Una jornada en donde, para Fox, el camaleónico artista tenía claro que no le quedaba demasiado.

“[Bowie] estaba realmente muy feliz. Aunque a la vez, estaba bastante enfermo en la noche de apertura, pero nadie sabía todo el dolor que estaba sintiendo. Amó la experiencia de estar ahí. Subió al escenario con el elenco y todos para el telón, y creo que esa fue la última vez que apareció públicamente“.

“La última vez que lo vi fue cuando fui a su departamento dos días después del musical”, cuenta el productor. “No fue una despedida demasiado dramática, aunque estaba bastante claro que probablemente sí lo sería“.

A pesar de la diferencia entre las dos versiones, para ambos es claro que, de cualquier modo en el que se le conciba e interprete, Blackstar fue un trabajo en la ley de David Bowie. Dejar que la gente juegue con los símbolos presentes en su arte fue algo predominante desde el inicio al fin de su carrera, por lo que aquella última placa de larga duración no es nada más ni nada menos que otra expresión de un artista que nunca se repitió a sí mismo.

Lazarus, para mí, es muy apropiado [para dar término]. Si observas todo el canon de lo que hizo, pienso que es algo apropiadamente modesto, interesante e inusual de haber hecho como su última producción artística”, comenta Fox.

Mientras que para McCoslin, este álbum final “representa la carrera de Bowie como alguien audaz que nunca temió mirar más allá y de cómo estaba constantemente evolucionaba, mirando diferentes clases de géneros desde su perspectiva tan única, para unirlo y convertirlo en un gran arte”.

Simplemente continuó evolucionando, avanzando, trabajando a través de esa lente y lenguaje musical, creando esta nueva cosa. Veo ese disco como una continuación de aquello que de verdad encarnó. Y es realmente inspirador”.

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