¿Qué hace a Dark Side of the Moon una obra maestra?

Dark Side of the Moon

Dark Side of the Moon (1973) de Pink Floyd es parte de un panteón de discos imprescindibles para quien disfruta de la música. Su calidad, influencia e importancia lo ponen a la altura de grandes clásicos de bandas como The Beatles, The Rolling Stones y Queen. Pero, ¿qué factores influyen en la apreciación de esta obra como un trabajo maestro? 

Más allá del despliegue compositivo y técnico de los músicos, para el estándar de obra maestra se necesita un aditivo. Si solo se considera la maestría musical de una obra, Pink Floyd tendría bastantes obras maestras en su catalogo. Sin embargo, algo hace especial a Dark Side of The Moon, dándole un estatus superior a nivel popular y de crítica.

El primer factor es lo que significó el álbum para la banda. Dark Side of the Moon es la culminación de un proceso creativo que comienza con la salida de Syd Barrett. Desde ese momento, los integrantes restantes tomaron la dirección de la banda, sacudiéndose el aura psicodélica de sus primeros trabajos para orientarse hacia la exploración de elementos folk, sinfónicos y, finalmente, progresivos.

Sin embargo, no se puede concebir Dark Side of The Moon sin la mano de Roger Waters. Para la década del 70, Waters toma las riendas artísticas del grupo, llevándolos a hacia composiciones con largos instrumentales y que cobran coherencia dentro de un concepto artístico completo. De esta forma, Dark Side of The Moon es un punto de inflexión para la banda, definiendo todo el trabajo posterior.

El segundo factor está condicionado por la carga conceptual del álbum. Dark Side of the Moon es una idea unificada en todo sentido. El orden del tracklist, el arte del disco, el significado de las letras; la placa accede a la calidad de icono cultural popular. Pink Floyd establece una imagen para la posteridad a partir de este trabajo, logrando que la banda sea reconocida, inclusive, únicamente por la portada con el prisma sobre el fondo negro, sin siquiera destacar el nombre del grupo y el título del álbum. Con una simple búsqueda en Google se puede apreciar que el arte de Dark Side of the Moon es un referente tan parodiado y homenajeado como la archiconocida foto del “Che” Guevara.

El tercer factor es la creación de un mito en torno al disco y sus autores. La mitificación del álbum tiene que ver con todo lo que rodea a su proceso compositivo y al contenido del mismo. El uso de drogas, los mensajes de las canciones; incluso, esa leyenda urbana en que la película El Mago de Oz y Dark Side of the Moon están sincronizadas de tal manera que la música acompaña a la película como una suerte de banda sonora. El disco se configura como algo distinto, especial.

Dark Side of the Moon, como apogeo creativo y conceptual de una banda, también crea un mito en torno a sus autores y su tiempo. Pink Floyd, gracias a este trabajo (y a otros de la misma época como Wish You Were HereThe Wall), escribió su nombre junta a otros músicos en lo que se conoce como “rock clásico”.

Esta etiqueta, sin distinciones de género musical, abarca a los artistas más importantes de los 60 y los 70, como The Beatles, The Doors, The Rolling Stones, Janis Joplin, Jimi Hendrix, Led Zeppelin y tantos otros. La era “clásica” del rock cuenta con una incontable cantidad de leyendas urbanas y anécdotas que la dotan de un aura mística. Este período es visto como el techo que pudo haber alcanzado el rock y es recordado de manera idealizada, nostálgica y con una añoranza incluso de aquellos auditores que lejos estuvieron de vivir ese tiempo.

El “disco blanco” de The Beatles, el homónimo de The Doors, Led Zepellin IV… Dark Side of the Moon; todos forman parte de una cosmogonía cultural, un Olimpo que los hace hitos.

En resumen, los tres factores que analizamos dotan a Dark Side of the Moon del estatus de obra maestra. No basta con ser solo un buen álbum para pasar a la historia, sino el reconocimiento cultural como hito para sus autores como para el mundo que lo disfrutó (y lo disfrutará). Posiblemente, para muchos, Pink Floyd tenga mejores trabajos. Incluso, mi favorito personal es Wish You Were Here, pero reconozco en Dark Side of the Moon un referente absoluto de lo que representa la banda.

Una obra maestra se mide por la transversalidad espacio-temporal que tiene, por esa característica que la hace eterna.

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