Breve historia de la música #3: Shoegaze, ruido y terciopelo

Slowdive
Lee las entregas anteriores: #1 “Emo, la sensibilidad y la Furia” y #2 “Britpop, la primavera de los jóvenes”.

Gran Bretaña, década de 1980. Los largos y complejos años del neoconservadurismo de la primer ministro Margaret Thatcher se viven tanto en las calles como en las discotecas. La extensa huelga minera de 1984-1985, contra las medidas laborales de corte neoliberal implementadas por el gobierno, hizo arder las aceras con enfrentamientos y brutalidad policial. Cinco serían los muertos que dejó la movilización, que tras poco más de un año, terminaría en la derrota de las agrupaciones sindicales mineras.

En paralelo, gran parte de la juventud de las islas británicas distendía el tóxico conservadurismo thatcherista con música pop y drogas. El new wave, el new romantic y las propuestas synthpop copaban las listas de las radios y los setlist de los djs. El alarido punk se había extinguido, la angustia postpunk se había colgado con Ian Curtis y salvo la gran excepción de The Smiths, la mayoría de la música pop no presentaba una confrontación al status quo británico. Las noches eran simples ritos de evasión frente a la moral tradicional impuesta por el gobierno derechista.

Quizás por ello, en el subterráneo ambiente alternativo británico surge un movimiento de contracultura que, si bien guarda relación con el cinismo punk, evoca sonidos y actitudes de introspección. Parecía ser que, para los shoegazers, la salida de este hostil mundo se hallaba en tímidos susurros y guitarras ruidosas. El big bang, el germen que inició todo fue el cassette C86, un compilado de la revista NME donde reunía bandas under que equilibraban melodías pop repetitivas con guitarras distorsionadas, siguiendo el camino que cimentó el pop sucio de Jesus and Mary Chain e incluso, la experimentación sonora de The Velvet Underground y Brian Eno.

Luego del mencionado cassette (1986), el protagonismo del género lo tomaría My Bloody Valentine. La banda escocesa tenía a la cabeza a dos talentosos de la guitarra, Kevin Shields y Bilinda Butcher, quienes además compartían el rol de vocalistas. No obstante, la angelical voz de Butcher, a menudo susurrando; pero siempre acompañada del matiz en las guitarras saturadas de efectos, generaría escuela para agrupaciones venideras. La segunda mitad de los 80 significó para el grupo el lanzamiento de trabajos fundamentales, como su LP debut Isn’t Anything (1988) y el recopilatorio Ectasy & Wine (1989), que reúne dos EP de 1987.

Sin embargo, el hito que marca el apogeo de esta etapa es el estreno de su segundo álbum, Loveless (1991), que sería alabado por la crítica de la época e idolatrado como un disco de culto por los asiduos al rock alternativo. De ahí en adelante, vendría la explosión a ambos lados del Atlántico de lanzamientos shoegaze exitosos. Ride y su sonido que oscila entre el ruido y la música pop rock sesentera (cabe mencionar que el destacado Nowhere es de 1990, pero su  gloria se confirma en 1992 con Going Blank Again); los melancólicos Slowdive con los aclamados Souvlaki (1993) y Pygmallion (1995) y el segundo lanzamiento de Lush, Spooky (1992). En los Estados Unidos también florecerían algunos artistas cercanos al sonido shoegazer como lo son Dropp Nineteens y el ensueño adolescente de Delawere (1992).

A pesar de esta primavera, tanto en las islas británicas como en Norteamérica, el shoegaze sería enterrado por el imparable arrasar del britpop y el grunge, respectivamente. El género quedaría condenado a mantenerse en un nivel de atención inferior, que conllevaría al fin de los proyectos más representativos. Incluso, este abrupto final conllevaría a que el mismísimo Kevin Shields asegurara, en 2013, que el shoegaze fue víctima de una conspiración del partido New Labour (liderado en los 90 por Tony Blair) para hacerlo desaparecer y poner en agenda a la que sería la banda sonora de la época: el britpop. Luego de 1995, el shoegaze entra al congelador o se repliega al underground.

Pasaría poco más de diez años para que, a partir de la segunda mitad de la década del 2000, el sonido shoegazer comience a tener un revival importante de la mano de las más variadas encarnaciones. Sunny Day in Glasgow lo hace coquetear con el ambient electrónico; The Horrors le da un giro punk rabioso; Los Planetas, que desde los años 90 hicieron evidente la influencia de la canción pop y las guitarras ruidosas, experimentan sumándole efectos a los clásicos del cante flamenco; e incluso, llega a mezclarse con el black metal en los casos de Alcest y Deafheaven. Japón también ha sido protagonista de este proceso, en especial Tokyo Shoegazer y su Crystallize (2011). La década del 2010 estaría marcada por el regreso de los grandes nombres de antaño: My Bloody Valentine con mbv (2013), Lush con Blind Spot (2016), Ride con Weather Diaries y Slowdive con su disco homónimo (2017)

La inauguración de esta segunda etapa en la existencia de este sonido, le dio repercusión incluso en América Latina. Bandas nuevas, entusiasmadas tanto por el revival en el hemisferio norte como por pioneras experiencias locales (algunas olvidadas por el mainstream), sintieron la inquietud de tocar este estilo de música. Entre los inspiradores acercamientos latinoamericanos cabe destacar el axial Dynamo (1992) de Soda Stereo, en Argentina; Ultrasol (1995) de Christianes y Play (1997) de Solar, en Chile; y En Cielo de Océano (1993) de Silvania, en Perú.

Curiosamente, nuestro país ha sido uno de los más prolíficos semilleros de shoegazers post 2010. Proyectos como Adelaida, Trementina, Slowkiss, Columpios al Suelo y Velódromo ya están consolidados dentro del ambiente cercano al género. A pesar de estos nombres, los secunda una camada interesante con bandas algo más jóvenes como Chico BestiaAdolescentes sin Edad y Coloresantos.

El ruido y el terciopelo de aquella generación descontenta tanto con la moral recalcitrante de su tiempo como con la juerga hedonista de sus coetáneos, prevalece hasta hoy. Y aunque jamás estuvo en la gloria comercial, si fue para los fans y la prensa un ensueño fascinante. Veinte años de relegación ayudaron a que nuevos aires empujaran al shoegaze a nuevos horizontes, siempre en manos de jóvenes inquietos que, aprovechando la versatilidad que ofrece el género, lo hicieran propio y exploraran nuevos límites.

10 discos fundamentales:

Ride – Nowhere (1990)
My Bloody Valentine – Loveless (1991)
Lush – Spooky (1992)
Curve – Doppelgänger (1992)
Drop Nineteens – Delaware (1992)
Slowdive – Souvlaki (1993)
The Verve – A Storm in Heaven (1993)
The Horrors – Primary Colours (2009)
A Sunny Day in Glasgow – Ashes Grammar (2009)
Deafheaven – Sunbather (2013)
*Bonus hispanoamericano: Soda Stereo – Dynamo (1992) / SIlvania – En el Cielo de Océano (1993) / Solar – Play (1997) /  Los Planetas – La Leyenda del Espacio (2007) – Triángulo de Amor Bizarro – Año Santo (2010)
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