Amor Amarillo de Gustavo Cerati: la magia de un amor que trasciende

Vichuquén

Cuando te enamoras, tu cerebro produce un asombroso cóctel químico, que logra hacerte sentir como si estuvieras flotando en lo alto de una nube. Puedes experimentar una sensación que te despega del suelo, como si levitaras sólo por el hecho de compartir con quien amas; una emoción que –muchos aseguran- no quieren que nunca se vaya, una magia que anhelan, pueda permanecer infinita.

Amor Amarillo es un álbum que ofrece una dulce probada de este sentimiento. Siendo el primer álbum solista de Gustavo Cerati, se transformó en un trabajo imprescindible en su carrera. Un disco luminoso y cálido, pero con momentos abrasadores y muy profundos, que abren una ventana para echar un vistazo al lado más íntimo del artista; un pedazo de él que decidió legar para siempre.

De improviso, y solamente unos meses después de que Soda Stereo lanzara su álbum Dynamo, el desgaste propio de una vida artística y el paso inexorable del tiempo, que no le permitía asentar sus sueños, llevó a Gustavo a cruzar los Andes y establecerse en Santiago, junto a la mujer que se convertiría en la musa de su álbum de ámbar: Cecilia Amenábar.

Una relación que se forjó en medio de escapadas, llamadas de larga distancia y viajes improvisados, y que terminó por consagrar un sueño vehemente en la vida del músico: convertirse en padre. Un cambio de planes que le permitió casarse y se transformó en la fuente de inspiración para un disco que se comenzaba a gestar, así como su primogénito Benito.

Gustavo Cerati y Cecilia Amenábar, junto a su hijo Benito

Como cuenta Juan Morris –en el libro biográfico del artista- en una escapada de los enamorados, cuando la magia se hacía más profunda entre los dos, caminaron por una playa de Venezuela llena de piedras amarillas, que jugaron a recolectar. A Gustavo le gustaba pensar que tenían ese color porque retenían una porción de sol dentro de ellas.

Una tarde encontraron un ámbar con un mosquito atrapado dentro y él se la guardó como amuleto. Así fue como el amarillo se convirtió en el color de la relación, que decidió registrar en una colección de canciones íntimas, convertidas en una cálida declaración de amor.

Amor Amarillo no es solamente un álbum con el que Gustavo pudo plasmar una etapa feliz y muy personal de su vida, sino que también acabó reflejando un proceso de experimentación e improvisación, una búsqueda de nuevos sonidos altamente influenciados por el círculo transitado junto a su esposa.

El sencillo homónimo, que marca el punto de partida del álbum, desde que inicia sugiere un baño de sol para los oídos. Una canción que crea el clima perfecto para ingresar en la atmósfera mágica del disco y que, con cada rasgueo, pareciera liberar olas de calor.

Tanto «Lisa» como «Te llevo para que me lleves» poseen un desarrollo adictivo, con un sonido especial envuelto por los sintetizadores. Esta última canción tiene un videoclip donde Cecilia hace su aparición, en un estado muy avanzado de su embarazo. Su letra es un registro claro de los primeros compases de una relación, donde sólo hay armonía y todo parece estar predestinado.

«Pulsar» es un viaje que transporta a otra dimensión. En las propias palabras de Gustavo, es “uno de los temas con más apertura del disco. Adoro esa canción y me parece que es un momento casi filosófico en la letra. Me gustó mucho cuando llegué a la construcción de esa canción. Y la sigo considerando como una muy importante, para mí. Los pulsares son metrónomos cósmicos y se asemejan a corazones que laten en los confines del Universo. De una ecografía extraje una muestra de los latidos de mi hijo y los mezclé con el sonido de un géiser en ebullición. Eran tan parecidos e hipnóticos que me hicieron pensar que la vida es gas”.

Un escenario más convencional, con una melodía vocal agradable y acompañado de una guitarra que se convierte casi en un mantra, que envuelve sentimientos de nostalgia y vientos de cambios, es lo que logran transmitir «Cabeza de Medusa»«Av. Alcorta». Para complementar esta atmósfera, se asoma un cover de «Bajan», canción de “El Flaco” Spinetta que se vincula perfectamente con el espíritu musical del disco y que resuena en su innegable atemporalidad.

Gustavo Cerati junto a Luis Alberto Spinetta, interpretando «Bajan»

A esta experiencia se suman «Rombos»«Ahora es nunca», temas muy diferentes entre sí. El primero, envuelto en una atmósfera psicodélica y espacial, se proyecta a través de un loop eterno que guía toda la melodía. El segundo, posee una armonía envolvente, que se aloja detrás de la distorsión de la guitarra, dejando entrever ciertos vestigios de melancolía. Canciones altamente introspectivas, que poco tenían que ver con el “sonido de Soda”.

El viaje llega a su fin con una canción relajada y gentil, dotada de magia. «A merced» es -sin dudas- la canción más pura y luminosa del álbum, que da lugar a un amor lleno de calidez y seguridad. La guitarra y sus reverberaciones perfectas, junto a la voz de fondo de Cecilia, dan un aspecto celestial que transmite un espíritu dócil pero muy poderoso. El broche de oro que resume por completo la esencia etérea del disco.

Amor Amarillo es la más dulce declaración de amor, que registra de forma sublime el torbellino de emociones que embargan, sin dar tregua, a quien se enamora. Aún hoy, cuando cumple 27 años de existencia, sus canciones siguen traduciéndose en una invitación a renacer, que remueve las fibras más delicadas y profundas del ser.

Un álbum para dedicar sólo una vez en la vida. Una oda al amor más puro y trascendente. El mejor regalo que nos dejó Gustavo, al sintetizar la mezcla de amor, energía y magia, como un detalle infinito que no se puede explicar… sólo sentir.

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