Mike Kinsella de American Football: “Tuvimos mucha suerte de habernos separado en el momento justo”

Por Diego Rojas Arce.

A tres semanas de su debut en suelo chileno con American Football, de la mano de Fauna Primavera, conversamos largo y tendido con Mike Kinsella, pieza fundamental en la arquitectura del midwest emo y alma de proyectos como Cap’n Jazz y Owls.

Con un cuarto LP bajo el brazo, los primos Kinsella y compañía se internan en un territorio más ambiental, lejos de la fórmula de sus dos primeros discos, pero sin soltar ese diálogo de guitarras que le puso banda sonora a la juventud que giraba en la órbita de Chicago, en ciudades más chicas como su natal Urbana, Pontiac, Springfield o Shelbyville (¿simpsons related?).


Mike, ¿cómo va? ¿Qué se siente volver a Chile? Y con un disco nuevo bajo el brazo.

Mike: ¡Muy emocionado! De verdad, no veo la hora. Ya estuve antes con otra banda (Cap’n Jazz en 2025), y ahora quiero llegar con esta y mostrarles a todos lo divertido que es Santiago.

Hablemos del disco. Después del LP3, que ya se internaba en un terreno más ambiental, este cuarto LP profundiza en esa idea. ¿Cómo fue el proceso? ¿Qué andaban buscando?

Mike: Sí, creo que al hacer el LP3 nos dimos cuenta de que empujamos un poco los límites, y entendimos que a la hora de escribir era mucho más emocionante así. Era como: “¿Qué era lo que nos entusiasmaba la vez pasada?”. Y resulta que gran parte de eso no implicaba empezar las canciones con guitarras ni con estructuras parecidas, como intentar copiar las del LP1. Empezamos, de manera casi egoísta, preguntándonos: “¿Qué queremos realmente hacer?”. Y creo que salió bastante distinto. Sigue siendo mi voz, y la batería de Steve Holmes es muy particular, así que hay elementos que no podemos cambiar, pero todo lo demás creo que intentamos cambiarlo.

Son una banda egoísta, en el buen sentido de la palabra. Siempre han hecho lo que les dio la gana ¿Está ahí el secreto, lo que hace especial a este proyecto?

Mike: Sí, incluso cuando escribíamos el LP1, nadie sabía quiénes éramos, obviamente, y aun así nos interesaba jugar con lo que es una canción, estructuralmente: no repetir partes, no tener estribillos, no alargar demasiado las repeticiones. Soy muy fan de esto: si tocas una parte un tiempo normal, digamos cuatro secciones, o como quieras llamarlo, y luego la tocas ocho veces, va a sonar un poco distinto. Si la tocas 32 veces, va a sonar muy distinto, ¿sabes? Como oyente, la repetición te va hipnotizando cada vez más. Éramos conscientes de eso, y decir “vamos a tocar esta misma parte repitiéndola durante tres minutos y medio” era, admitámoslo, puro egoísmo. Pero estoy orgulloso de eso. Ahora puedo decirlo con más confianza porque, en retrospectiva, la gente respondió bien y ahora tenemos algún tipo de público. Pero también estoy seguro de que lo hacíamos así incluso antes de que hubiese público.

La forma en la que Kinsella abraza su egoísmo no me parece remotamente soberbia, como la de otros niños símbolo del alt noventero, es más bien la certeza de un hombre adulto que se sabe afortunado de poder alimentar a su familia con una guitarra. Afortunado de nacer y crecer en una ciudad no más grande que Limache en el momento correcto de la historia, cuando el cuerpo te pedía agarrar cualquier cosa y hacer algo con ella. Cuando la idea de crear contenido no tenía nada que ver con una coreografía de TikTok, sino que tenía una raíz más espiritual. Si volvemos a la idea del principio, Kinsella es Bart Simpson en su taller de bicicletas.

Finales de los 90, Illinois. Ustedes partieron en el 97, en una escena que hervía en todo Estados Unidos, pero en Chicago, Urbana y Springfield había algo distinto: rock, punk y proyectos DIY que pese a su crudeza tenían una estética sensible ¿Qué recuerdas de esa época?

Mike: Sí, recuerdo que crecí rodeado de músicos inspiradores, gente a la que siempre admiré. Amo Chicago. Yo la llamo una ciudad de músicos de clase trabajadora. Crecí en bandas punk y tocábamos en shows DIY. En ninguna de esas bandas hubo nunca ambición de hacerse famoso; no había managers ni agentes de booking. Era DIY de verdad. Y creo que me llevé ese ethos conmigo ya de adulto. Con los años me di cuenta de lo importante que era. Todavía conozco a adultos que han sido músicos toda la vida y me preguntan cómo es Polyvinyl Records, si la recomiendo, porque tuvieron una experiencia terrible en su sello, y yo me río porque, primero, Polyvinyl es prácticamente el único sello en el que he estado en toda mi vida y, segundo, son simplemente buenos amigos que sacan discos. Nunca intentamos conseguir más, ¿entiendes? Era: “Mis amigos van a sacar los discos y yo voy a hacer la música”. Tenía sentido y funcionó, por suerte.

American Football dejó huella en el sonido de la nueva escena chilena, y lo que cuentas es idéntico a lo que pasa con las bandas de aquí: gente haciendo música por puro amor, sin plan de negocios, aprendiendo a golpes. Con esa filosofía egoísta, siempre y cuando delegues adecuadamente, al final llegas a algún lado. Creo que a ustedes les pasó igual: no sé si buscaban ese éxito masivo que les cayó encima quince años después. Internet hizo su parte, como un cómplice silencioso. Es hermoso que la música todavía pueda hacer eso.

Mike: ¡Es increíble! Tuvimos mucha suerte de habernos separado en el momento justo: si nos hubiésemos separado antes, quizás internet no habría difundido el disco. El disco simplemente siguió expandiéndose, de forma orgánica. No había prensa ni giras ni nada, pero internet lo mantuvo vivo: la gente podía escucharlo y los jóvenes podían descubrirlo durante otros 15 años, hasta que nos reunimos. Digo todo esto con total seguridad, pero si no tuviera al manager más genial y capaz del mundo, no me dedicaría a la música. Seguiría sentado en mi cuarto haciendo canciones, pero nadie las escucharía, porque soy incompetente en ese aspecto.

¿Crees que si el disco hubiese tenido el mismo éxito internacional en los 90, hubiesen sabido manejarlo como banda igual que lo hicieron 15 años después?

Mike: Para nada. No, para nada. Nos juntamos de nuevo 15 años después, como adultos con familias, y quizás hay algo que te hace poner los pies en la tierra cuando tienes tus propios hijos. Nos llevamos mejor como adultos que como jóvenes. Y creo que si hubiésemos tenido éxito al principio, nos habría arrastrado a los tres en direcciones distintas, mientras que el éxito posterior nos llevó a todos en una sola. Nos unimos por esto. Así que no lo habría querido de ninguna otra manera.

El desafío de Fauna Primavera el sábado 28 de noviembre va más allá de la clásica gira promocional, es un debut en un país donde su nombre tiene un peso, ellos lo saben. En esa lógica la búsqueda va por un setlist equilibrado y un para de cosas que están implementando.

Llevar un disco así a un escenario debe ser un desafío, pero imagino que también habrá hits para los fieles de siempre. ¿Qué vamos a ver en Primavera Fauna?

Mike: Hay algunas canciones que sabemos que tenemos que tocar para los fans de siempre, y lo nuevo es algo totalmente distinto. Fue un desafío deconstruir casi por completo lo que hicimos en el disco y aprender a tocarlo en vivo. Resulta que necesitamos a mucha más gente, así que hay más músicos en el escenario. Tenemos muchos más sintetizadores y MIDI, muchos más instrumentos: teclados, percusión. Ahora es toda una producción. No vemos la hora de tocarlo, es muy divertido. Se siente más musical que nunca, solo porque hay muchas más personas involucradas. ¡Es genial!

Recostado en su sillón Kinsella cierra nuestra conversación de zoom con una invitación honesta, que se siente un poco más fraternal que la cortesía del artista de turno “Nos vemos allá, hermano. Pasa a saludar y charlamos otro rato”. Ahí radica el super poder de American Football y sus proyectos anexos en países como el nuestro, en la gentileza de un hombre que se sabe afortunado de permitirse ser egoísta con lo único que corresponde serlo, la intimidad del arte.

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