Álvaro Henríquez: “Tienes que conocer tu pasado para poder hacer música en el futuro” 

“Como una pradera gigante”. Así define Álvaro Henríquez la experiencia de tocar junto a Pettinellis, su especie de alter ego, con el que puede no sólo tocar sus temas solistas, sino también unir estilos y revisar creaciones ajenas con un sello propio.

En paralelo a su activa agenda con Los Tres -que ha tenido un gran año con un gran disco nuevo como XCLNT y un próximo show aniversario del Unplugged-, el músico penquista reparte su tiempo en los especiales shows en festivales de distintos lugares del país con su catálogo personal.

En la previa de su participación en Festival Bamba (nota: suspendida en las últimas horas por motivos de fuerza mayor), conversamos en extenso con este legendario músico sobre los mágicos días en que se concibió el debut de Pettinellis, la música que mueve sus días, Spinetta, Páez y mucho más.

¿Cómo ha estado este tiempo de estar tocando junto a Pettinellis? Hay algo ahí, qué tiene ese disco… ¿Qué tienen esas canciones que te hacen volver cada cierto tiempo a reformular la banda, a tener un grupo potente sonando? 

Álvaro: Fíjate que esa es una muy buena pregunta. Yo creo en la energía y todo eso. Creo que ese disco está con una energía permanente en la sala que nos hizo tocar de una forma especial, no de la forma en que habíamos ensayado, sino mucho más fina, más delicada. 

Entonces, por ejemplo, yo le decía a los muchachos: «Bueno, tenemos que hacer “Hombre muerto en el ring”, (y fueron) 72 tomas, ¿cachái? Era a ese nivel de exigencia para que saliera realmente bien, para lograr un disco que la gente pudiera entender. No un disco vanguardista ni nada de eso, sino un disco con canciones, como eran Los Ángeles Negros, como era Buddy Richard. Siempre, por supuesto, tomando en cuenta el pasado musical chileno, porque yo creo que si no conoces tu pasado musical, no vas a sacar nada después para poder hacer canciones. 

Eso es lo que pienso. Vengo de una ciudad también donde hay mucha música. Están Los Bunkers y muchos otros grupos jóvenes que he estado mirando por ahí, y son buenos. Los jóvenes están haciendo muy buena música y eso me llena de alegría.

El disco de Pettinellis lo grabaron en Estudios del Sur, ¿no? 

Sí, cuando estaba en Bellavista… yo creo que eso debe haber durado como 10 días. Pero te digo: cada canción, por lo menos 20 tomas. Yo tengo mi teoría de que hay que cansar a los músicos para que toquen bien.

Me imagino que se ensayó también mucho antes

Se ensayó mucho, claro. Para que fuéramos como este combo, un grupo que tuviera una sonoridad particular y un núcleo musical. El disco es como una especie de mundo, un mundito pequeño donde uno puede escuchar esa música con esa tesitura, con ese sonido que es más… diría como más activo. Es un poquitito más fiestero también. Pero en el estudio particularmente había algo que nos hizo tocar y grabar de esa forma, fue muy poderoso para todos. 

Me acuerdo de que fue María Esther [Zamora] con Pepe Fuentes al estudio. Los invité a vernos y estábamos grabando “Fidel”, una canción para mi padre. Era súper sensible en el momento, entonces hicimos como dos tomas y creo que la primera fue la que quedó… o sea, de una. Estaba todo eso, y además estaba la María Esther con el Pepe, que me dijeron: “No, está precioso”. Fue muy especial, muy bonito. Yo sentí que mi viejo, que recién había partido, andaba por ahí dando vueltas. Don Robert (Roberto Parra) también, ¿cachái? Todos mis cercanos y amados andaban por ahí, porque, como te digo, nos hicieron tocar de una forma muy especial.

Tiene un aire especial ese disco. Justo estaba pensando en las canciones que han sacado ahora como Pettinellis. ¿El disco nuevo está terminado? 

No, no, no. Tengo algunas canciones, pero lo que nos falta es tiempo, en realidad. Pero la idea es efectivamente hacer más canciones y desarrollar más el grupo porque a mí me gusta, yo lo paso muy bien ahí. Me divierto mucho, es más lúdica la cosa, y me encanta que tenga este sonido de teclado como Los Ángeles Negros, ¿cachái? Es como esa reminiscencia que decía antes, creo que es muy importante para un país como Chile. Tienes que conocer tu pasado para poder hacer música en el futuro.

Hasta ahora, han lanzado tres singles. Uno de esos es la versión de “Arauco tiene una pena”, que conecta con lo que me estás contando…

Sí, totalmente. Eso fue por una invitación que me hicieron para tocar en la Plaza de Armas en un homenaje a Violeta [Parra]. Yo pensé como dos días en qué canción podía hacer, porque a mí me gustan mucho las canciones de la Violeta y además qué canciones también ya habían pedido. Entonces dije: «”Arauco tiene una pena”, esa es la onda». Porque además es una canción de protesta donde se nota el lado popular de la Violeta, la exigencia popular, los derechos de la gente… O sea, esa canción son puras verdades. Como “Arriba quemando el sol”, que también la tocamos y también es de la Violeta, y son solo verdades. Para mí es muy emocionante versionarla, afortunadamente con el beneplácito de la familia,  con el Ángel, con la Javiera, con la Isabel, con Paparra (Ángel Parra padre), que fue un gran amigo y una gran influencia. 

Creo que si hago más música, será en un tiempo más, porque tengo que terminar algunos compromisos y luego ya tirarme con Pettinellis a hacer un disco. Sería buenísimo.

Y también está “There She Goes” de The La’s, que se conecta con tu esencia estilo The Smiths, un sonido que está en tus primeros discos… 

Claro, esas son las canciones que más me gustan. Es de un grupo que se llama The La’s. Y curiosamente, ese grupo grabó solamente un disco. Es EL disco, pero bueno.

Como Pettinellis…

Claro, claro (risas) Es una canción muy curiosa porque no tiene coro. O sea, el coro es la canción. No hay estrofa, no hay puente, ¿cachái? Solamente se repite, se repite y va variando un poco la melodía. Me gustaba mucho desde hace mucho tiempo. Dije: «Vamos a hacer una versión en español a ver cómo sale», y salió bien bonita.

Históricamente se sabe que eres muy fan de los Beatles y de John Lennon, pero nunca has grabado una canción de ellos. Si llegaran de Abbey Road y te dijeran: «Toma este millón de dólares y graba una canción», ¿cuál sería? 

De Lennon, sí. Yo creo que “Instant Karma”.

Ah, buenísimo. ¿”Instant Karma” en español o en inglés? 

Ahí no te sabría responder, pero yo siempre trato de traducir. Al igual que Buddy Richard, que era un gran traductor de canciones, hay muchas que él tradujo del inglés al español. Es un trabajo muy entretenido tratar de cuadrar las letras. Y después, claro, tocamos “Arauco tiene una pena”, o hacíamos una versión de “Yendo de la cama al living” de Charly (García). Entonces eso, como te digo, a mí me da una felicidad enorme, porque es como tener una pradera gigantesca y poder correr así por todos lados. Es un placer y una emoción grande tocar con Pettinellis.

Claro, te permite hacer esto. Y también está “Ch bah puta la güeá”, que es entretenida. ¿Nunca más volviste a ocupar la maquinita para componer? 

Exacto. Esa maquinita la compré sin tener idea de nada. Llegué a una tienda en Los Ángeles (EE. UU.), la vi y me gustó porque tenía la perilla… imagínate, yo huaso de construcción, de Chiguayante. Tenía lucecitas. Iban cambiando y dije: «Ay, qué bonito se ve». De repente, el tipo me hizo un demo, escuché los sonidos y dije: «Están mortales, me la llevo». Pero nunca tuve idea de cómo funcionaba, nada. Agarré uno de los presets, ni siquiera hice uno yo, venía listo. Dije: «Ya, esta es». 

Esa canción originalmente se llamaba “Sinfonía para alarma de auto”. Consistía en esta base y algún amigo tenía que pegarle a un auto para que empezara la alarma, que en esa época tenían ritmo, y de ahí lo saqué para hacer la canción. 

La letra la escuché tal cual en un baño turco. Yo estaba ahí, leyendo el diario, ahí todo bien y pasan dos tipos. Uno le dice al otro: «Oye, huevón, ¿y la minita que tenís?». «Shh, no, le tuve que comprar un departamento, un auto». Y el otro le responde: «Ch bah, puta la güeá quiere todo, entonces». (Risas) Ahí dije: «Esa es». La memoricé, llegué a la casa y la escribí al tiro. El resto fue poner la máquina e improvisar. Tú sabes que me gusta la repetición, como “Somos tontos, no pesados”, me gusta esa cosa tipo Andy Warhol. Fue muy entretenido y muy nuevo para mí. Toda la gente y yo pensaba que era un chiste, y decían: «Oye, pero está buenísimo para bailar». Esa canción de partida no iba a quedar en el disco, pero después pensé: «¿Por qué no? Es una canción, es chilena, la entienden los chilenos mejor que nadie. La voy a sacar y ya». Y bueno, salió, a la gente le gustó mucho y fue una maravilla.

Y todavía es un buen cierre para los shows. 

Claro, claro. A la gente le gusta mucho, se ponen a saltar. Buena onda.

¿Has podido escuchar a algunas de estas bandas nuevas o qué estás escuchando últimamente? 

De chilenas hay una… no me acuerdo del nombre, viste que ahora tienen nombres largos. “Los perros también se suicidan” o “Los animales también se suicidan”, algo así…

Los Animales También Se Suicidan!

Eso, claro. A ese grupo lo he escuchado y lo encuentro muy bueno. He escuchado también a otro grupo, pero se me va el nombre. Y por el lado más inglés, escucho harto a John Denton, un cantante de Manchester joven y muy, muy talentoso. Ha sido una felicidad conocerlo, vamos a trabajar juntos. He escuchado también harto a Luis Alberto, el único Luis Alberto que existe en el mundo: Luis Alberto Spinetta. Escuché esa canción… “Seguir viviendo sin tu amor”, linda esa canción, hermosa. La he estado escuchando todos los días, así seguido y fuerte, porque me parece una canción maravillosa, muy linda. En eso más o menos me estoy moviendo. Y por supuesto siempre rockabilly, de base. Rockabilly, blues y cueca. 

Buen, tú conociste a Spinetta…

 Sí, lo conocimos (junto a Los Tres) porque fuimos a grabar voces a su estudio, que se llamaba La Diosa Salvaje. Entramos y estaba Luis Alberto. Mario Breuer, que era nuestro productor, nos presentó. Yo estaba buscando una guitarra, se me acerca Luis y nos sentamos y empezamos a conversar. Me dice: «Oye, esa música que hacen ustedes está buena, escuché “Déjate caer”. Está súper bueno, me gusta mucho». Estábamos bien embalados conversando y de repente me acordé de que tenía que grabar la guitarra acústica de “Me rompió el corazón”, que es una guitarra bien suave, y no tenía acústica. Me dijo: «¿Qué andás buscando? ¿Una acústica? Yo tengo». Llegó con la acústica, la afinó y me la pasó (risas). O sea, imagínate la emoción. El tipo súper buena onda, súper piola. Se quedó con nosotros escuchando los otros temas también. Increíble Luis Alberto, increíble.

Conoció La espada & la pared entonces, prácticamente completo. 

Sí, conoció La espada & la pared, y le gustó. Eso es lo principal.

¿Y con Fito, cuándo fue la última vez que se vieron? 

A Fito lo vi la última vez que vino. Tocó en el Arena y tocamos juntos también en ese venue. Ahora estoy feliz porque como viene, seguro que nos vamos a ver y a ponernos al día. Fito es un gran amigo, muy leal, muy solidario; es un humano de maravilla. Aparte de la admiración que le tengo, le tengo mucho cariño como amigo. Estoy feliz de que venga, seguramente nos verema en algún lugar para conversar un rato. 

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