Bastián Gatica (34), Kjander, partió trabajando en “Misanthropy” cuando varias cosas en su vida terminaban, y su respuesta fue encerrarse. El resultado se convirtió en 13 canciones que combinan ambient y noise con ritmos latinos e hyperpop, sumando samples y texturas que llevan directamente a la pista de baile. Una idea completamente distinta a lo que plantea el nombre del disco. Pero todo parte desde ahí, la dicotomía.
“Tenía dos opciones: no hacer nada al respecto o transformar todas esas emociones en algo bello y presentarlas al mundo”, cuenta. “Estaba en un momento en donde tenía que reinventarme, pero en vez de rodearme de personas me recluí; hice una especie de retiro espiritual en donde comencé a darle forma al álbum”, plantea.
A pesar del título, el disco no habla necesariamente de misantropía, sino que nació desde ese estado mental y de una contradicción que él mismo reconoce en el concepto: querer escapar de las personas, pero seguir necesitándolas. Al escucharlo, musicalmente pasa algo parecido. Hay temas que se sienten como el soundtrack de un videojuego, mientras que otras son más enérgicas y te invitan a la pista de baile.

Buscando un sonido
“Misanthropy” llega un año y medio después de su disco debut, “Phantasmata”. En ese trabajo, Kjander se centró más en construir una atmósfera densa y emocional, con temas construidos a partir de live coding, diseño sonoro, improvisación y sonidos que mantuvo guardados durante años.
Ahora dejó de lado esas etiquetas. “Quise, por primera vez, dejar de querer ser o encasillarme en algo… en el tiempo de ‘Phantasmata’ tenía muy viva la idea de querer dedicarme al noise y al ambient, pero empecé a pasarlo bien escuchando experimental club y latincore, así que quise aportar un poquito a esos géneros muy poco explorados aún”, explica.
Kjander habla de “post latincore” para definir “Misanthropy”. No porque lo anterior haya quedado atrás, sino porque es una transición, ahora con ritmos latinoamericanos mucho más presentes. De niño, dice, en su casa se escuchaba cumbia, bachata y música romántica en español, así como también indie, rock y electrónica. “Esos ritmos se integran en mi música porque buscaba rescatar esa parte de mi infancia de la cual tengo buenos recuerdos y que, sin querer, tiene una banda sonora bien latina”, explica.

Esto está muy presente en todo el disco. “Chungunguito3000” usa voces y percusiones sampleadas de la legendaria Gilda; “Espinas” tiene ritmos más caribeños, mientras que “Lunita” se acerca a sonidos andinos. Para el productor, no hay contradicción alguna en que todo conviva bajo el paraguas de la electrónica: “La playlist de una persona en latinoamérica puede tener a Juan Gabriel y Aphex Twin y nadie te va a decir nada, somos más espontáneos en ese sentido”.
Una imagen se vuelve canción
Parte importante del álbum inició en sus sueños. Muchas de las pistas nacieron de imágenes o escenas que se repetían en su cabeza, y que después trató de llevar a la música.

“Xerofauna”, por ejemplo, partió de la imagen de un bosque al amanecer, con insectos entre la vegetación. Por otro lado, “Feral” sigue a una persona que, alienada, se empieza a percibir como un monstruo, que toma como referencia “La metamorfosis” de Kafka.
El ejemplo más claro es “Agorafobia!”. La palabra se refiere a la ansiedad, el miedo o incomodidad por el entorno, pero el tema está cargado de ritmo, frenesí y mucha energía.
Según el también profesor de inglés, el tema surgió después de tener sueños recurrentes en los que estaba atrapado en estadios de fútbol, conciertos, transporte público o salas de clases repletas. “Es gracioso, porque suelo evitar multitudes porque me dan ansiedad”, dice.
El disco también busca alejarse de los sonidos muy limpios o perfectos, con texturas, capas y cierta crudeza que Kjander contrapone a esa electrónica más “ordenada” o “plastificada”. “Con ‘Misanthropy’ celebro la espontaneidad más que lo prístino”, explica, y añade: “me parece más honesto y crudo”.
Esa idea se extiende al orden de las canciones. Las más movidas quedaron al comienzo y el disco va bajando progresivamente la intensidad hasta llegar a “Imbunche”, su último track, para darle “una muerte evidente”.