Fotografías por Diego Gamboa | @cabroamurrao
Hay conciertos de algunos artistas que concitan una opinión uniforme, algo aburrida, porque tienen una trayectoria casi intachable. En definitiva, se destaca lo legendario de la banda para reafirmar lo que es su performance: No pueden fallar porque son buenos.
Pasó hace un año atrás con Simply Red. ¿Quién puede decir que es una mala banda? Una situación similar es la que ocurre con Jamiroquai, dueños de un sello de garantía por el histrionismo de Jay Kay, sus discos clásicos de los 90 y shows alucinantes que se guardan con cariño en DVDs.
Sin embargo, esta vez había ciertas dudas sobre la performance actual de este combo británico, producto de su comentada última visita a Chile, como parte del Festival de Viña del Mar en el 2018. Ahí donde vimos a un Jay Kay menos brillante y energético, lo de anoche fue una bomba. Borró en un segundo todo el recuerdo con un frontman que volvió a estar en plenitud de sus facultades.

Junto a una base firme y virtuosa (no puede ser menos con Jamiroquai), el cantante brilló con su voz como en los mejores tiempos y luciendo sus pies al ritmo del pulso intenso de los grandes éxitos de la banda como “Little L”, “Alright” y “Canned Heat”.
La fiesta estaba asegurada además con un concierto que se pudo apreciar por completo con un sonido cuidado. Prístino, profundo y detallado, como una réplica de los álbumes de la banda que se lucían entre el público.
Quienes no conocían cómo era la experiencia de ver a Jamiroquai en vivo quizás se desilusionaron al ver que la banda tiende a extender (a veces demasiado) sus canciones. Pero esa es parte de su onda.
En dos horas solo 13 canciones sonaron y aquellos que se metieron a fondo en el groove del “hombre búfalo” se fueron felices tras este reencuentro, que contó con algunos clásicos celebrados por su fanaticada como “Light Years” y “Space Cowboy”, además de un estreno, “Disco Stays The Same”, parte de un futuro álbum que, según adelantó el líder, ya está listo para que se edite el próximo año.

El carismático frontman también se dejó querer como en otros tiempos. Tras cambiarse de ropa en varias ocasiones (usando modelos de Adidas de la selección chilena y el especial Chile ’62), se tomó selfies y firmó fotos, dibujos, recuerdos y hasta una zapatilla.
En esta quinta visita, Jamiroquai logró despejar las dudas sobre su actual momento y demostró que la magia de su música sigue viva con una banda brillante y firme como el acero, capaz de seguir emocionando a quienes los conocieron en medio de una fiesta o viendo el emblemático clip de “Virtual Insanity” en MTV, y seguir siendo interesantes después de más de tres décadas de historia.