Los entrañables Kevin Johansen y Liniers vuelven a Chile: “Somos como Garfunkel y Garfunkel”

Así como sucede al escuchar tres minutos de una de las canciones de Kevin Johansen o al revisar una de las historietas de Liniers, conversar con ambos juntos es un momento para atesorar: no pueden evitar hacer reir junto con reflexiones veloces de las que más vale no perderse.

Mientras preparaban sus maletas para iniciar un nuevo viaje juntos, conversamos con Kevin y Ricardo Liniers en la previa de su regreso a Chile, que los tendrá en dos ocasiones muy especiales: un set íntimo en el espacio Amor y Pastas en Santiago, y un encuentro masivo en el Gran Arena Monticello, donde estarán junto a The Nada, la banda que viene acompañando a Johansen desde su debut solista en el 2000

Ya son más de 15 años de recorrido juntos, desde que empezaron la curiosa idea de hacer un dúo en el que uno interpreta sobre papel lo que el otro va generando con su guitarra. Un proyecto que se ha vuelto irresistible para sus seguidores, quienes no pierden oportunidad de verlos de esta forma en cada visita a nuestro país. ¿Pero cómo lo han logrado después de tanto tiempo? 15 minutos con ellos me lo dejaron claro: lo suyo es una amistad de verdad, alimentada por la creatividad, la chispa, toda la magia que no se define y que fluye solo de dos mentes creativas… más el esencial buen sentido del humor.

—¿Cómo es para ustedes ser ya una especie de banda con ese proyecto juntos por tantos años? 

Liniers: Somos como Garfunkel y Garfunkel.

Kevin: Somos una banda mucho antes de Wisin y Yandel…

L: Antes que Paco y Ca7riel (risas). Somos el bromance original.

K: Sí, de alguna manera, creo que con mucho disfrute, porque si no fuera así no estaríamos haciendo esto desde hace tantos años. Y encontrar por ahí en el otro una forma de que te complete también, ¿no? Más que complementar, me gusta decir que nos completamos. En todo caso, yo siento que el arte de Liniers completa muchas cosas que quiero decir desde la música; y como la música dispara imágenes y las imágenes también tienen sonidos, creo que ahí hay algo en lo interactuar que hacemos que la gente disfruta mucho, por suerte.

L: Sí, Kevin muchas veces me dice: “Gracias, no entendía mi canción hasta que vos la dibujaste” (risas).

K: Sí, o a veces digo: “Ahora la entiendo menos”.

—Con tantas giras que han hecho a esta altura, ¿cómo es para ustedes seguir alimentando esto y hacer que cada viaje se vuelva entretenido? ¿Qué tipo de actividades desarrollan para que cada viaje sea un poquito distinto al otro?

L: Empezamos hace 16 o 17 años a hacer estos viajes. Antes era mucho de “vamos a un bar a tomar unos tragos”, y ahora es más “vamos al restaurante y a dormir”, ¿no? Estamos más averiados. Hay más batallas, pero la verdad es que los dos tenemos mucha alma viajera. Hay algo que nos tira a recorrer el mundo, ¿viste? Sí, estamos felices de sentarnos 10 horas en un avión si eso implica que voy a poder ir a Santiago, a Lima, a Bogotá o a ciudades que no conocemos. Me parece que los dos tenemos esa pulsión y encontramos una manera de que nuestro trabajo nos permita hacer esto todo el tiempo.

K: Sí, totalmente. Bueno, en la tapa del último disco hay una leyenda en letras pequeñas que dice: “Hecho con I.E.”. Hecho con inteligencia emocional. En épocas de inteligencia artificial, lo que tiene de interesante es ponerle esa impronta de que uno puede encontrar belleza en el error o en ciertas imperfecciones. La IA busca la perfección y la inventamos nosotros, así que perfecta no es.

L: De hecho, a mí me gustaba más cuando la IA dibujaba gente con 10 dedos o con dientes que le salían por las orejas. Eso era una inteligencia artificial visualmente más interesante. Ahora que le salen bien, prefiero a Miguel Ángel (risas).

—De todas estas giras que han hecho juntos, ¿cuál es el lugar más extraño al que los ha llevado esta dupla?

L: Hay lugares que para mí no eran extraños, en el sentido de que son ciudades comunes y corrientes, pero en las que nunca me hubiese imaginado ir a hacer algo. Estuvimos con Kevin en Estocolmo o en Bruselas, y decís: “¿Quién va a venir a vernos a Bruselas?”. Estuvimos en la Oakland de la infancia de Kevin. Hicimos un show cerca de San Francisco, donde Kevin era pequeñito. Son todos lugares que yo nunca hubiese imaginado.
Y yo lo que le digo a Kevin es que tengo que hacer el show en Alaska, porque de los músicos grosos de Alaska, Kevin está ahí en el top 3 seguro. De Nueva Jersey no, porque están Bruce Springsteen o Frank Sinatra, ¡pero de Alaska estás bien ahí, Kevin!

K: Estamos ahí, estamos bien parados. Y yo tengo el temor de hacer el círculo completo y morirme antes de tiempo. Entonces, quiero aguantar hasta los 90 porque no tengo ninguna atadura sanguínea a Alaska, más allá de que, por supuesto, nací ahí. Mis padres no eran de ahí y tengo un recuerdo blanquecino, literal, porque me fui a los 3 años y medio. Pero si llego a los 90, vamos.

L: Ahí está, vamos los dos viejitos y ahí la vas a quedar seguro.

K: Sí, yo creo que van a inventar la pastilla para parar el tiempo.

L: Hacemos un viaje tipo Thelma y Louise. Hacemos el show y después los dos al auto, manito y wiii (risas).

K: Por un fiordo.

—¿Qué tan importante es el público en la interacción que se da en el show de ustedes?

K: Es fundamental, siempre. No lo haríamos si no hubiera un ida y vuelta, una devolución. La “barra pesada” de Liniers, por ejemplo, que son muchos padres con niños… Yo creo que esa capacidad de sorpresa no se nos va, ¿no? Ver el tipo de gente que vino, o lo que les gustó, algo diferente al público anterior; siempre hay un elemento de sorpresa.

Creo que tiene mucho que ver con que nunca ensayamos, más allá de acordar cosas que nos gustan. Siempre fue todo en base a nuestra amistad, a improvisar, a reírnos y encontrar cosas que gustaban, sin ánimos de efectismo. A veces, inclusive, lo que funciona por ahí después de un rato nos aburre y encontramos otra cosa. Y creo que eso se encuentra cuando eres más grande también. Bah, yo en mi caso, que soy más grande —y más humilde— que Liniers, además en todo sentido (risas), creo que lo que sucede es que me sigo sorprendiendo con la conjunción de cosas que hicimos: tocan una fibra, ¿no? Y eso te da mucho placer y ganas de seguir haciéndolo.

L: Sí, a mí siempre me llamaba la atención, inclusive cuando empecé a conocer a Kevin y a los chicos de The Nada, que por ahí decían: “No, este show salió bueno, pero este no salió bueno…”. Y yo decía: “Pero si están tocando las mismas canciones…”. O sea, les salen bien, ¿por qué dicen eso? Y después me di cuenta de que los que terminan de redondear el show es el público. Hay un público que te devuelve mucho y cuando por ahí está más frío es más difícil; el músico termina de resolver el show con el público, creo.

—Me imagino que el repertorio está súper definido siempre, ¿o eso va cambiando? Como para que Ricardo vaya preparando lo que tiene que dibujar…

L: A Kevin le gusta sorprenderme seguido, tocando canciones que ni siquiera terminó de escribir. Dice: “Bueno, hoy estaba escribiendo una canción en el cuarto”, y empieza… y yo: “Uy, ¿qué dibujamos ahora?” (Risas).

—Es un poco la magia del show.

K: Totalmente. Hay algo ahí en la improvisación y lo imperfecto; a mí me atrae hasta lo bochornoso.

—En esa improvisación, también hay canciones de otros artistas, que por ahí también resulten inspiradores para Ricardo, porque le gustan o lo llevan a otro lugar?

L: Sí, el otro día, en el viaje a España, Kevin venía mencionando una canción de Leonard Cohen. Yo ya debería saber qué se viene. Tenía un contrabajista increíble, Javier, e hicieron una versión de “I’m Your Man”. Es una de mis canciones favoritas, y a Kevin le sale cerca; acá entre nosotros, cae cerca de Leonard la voz de Kevin. Medio que paraba de dibujar y miraba para el otro lado porque quería ver el show: “Uy, este es un temazo, ¿qué estoy haciendo dibujando? ¡Lo quiero escuchar!”.

K: Sí, obvio, yo me inspiro mucho con canciones de otros. Me encanta hacer versiones: tratar de hacerlas lo más parecido posible o, de repente, hacer una versión country de “Modern Love” de David Bowie, o una versión samba de “Perfect Day” de Lou Reed. Hay canciones que son irrompibles. Hago “El Albertino” de Violeta Parra, por ejemplo, en una versión un poquito más Johnny Cash, y queda bien porque es una canción que está bien estructurada para cualquier género.

—El año pasado lanzaron el libro “Es nuestra forma de comunicarnos”. ¿Qué los llevó a hacerlo?

L: Cuando Kevin me dice: “Vamos a sacar el disco en vivo del show que hicimos en Madrid”, le dije: “Buenísimo, poné ‘Kevin Johansen’ y a Liniers chiquito”, porque lo mío no se escucha, se oye solo un ruido de pinceles. Él, como es Kevin, dijo: “No, esto es nuestro show, tenemos que estar los dos”. Entonces le dije: “Bueno, te voy a meter dibujos por todo el disco”. Me senté y dibujé todas las canciones en historieta.

Y pensé: hay gente que por ahí no tiene tocadiscos o ya no usa CD porque escucha todo online, así que lo rediseñamos a un formato de libro. Lo que quedó muy lindo es que es un libro que, cuando lo empezás a leer, es imposible no cantar las canciones en tu cabeza. “El círculo da la vuelta…” es muy lindo cómo se te meten las canciones, y tiene un prólogo además muy lindo de Carlos López Puccio, de Les Luthiers, que nos engalana la obra.

—¿Cómo va a ser el show ahora que realizarán con banda, con The Nada, en un recinto como el Arena Monticello?

K: Siempre es lindo. Con banda, con algunos miembros de The Nada, a Ricardo también le nutre, le da más sonoridades…

L: Sobre todo cuando canto, claro. Acá entre nosotros: cuando canto solo con mi ukelele soy un 3, pero cuando se sube la banda, en mi cabeza soy un 9. Estoy dándolo todo. Estoy a esto de saltar del escenario al público como Eddie Vedder.

K: Así es, lo disfrutamos mucho, tanto el espectáculo a solas, que es más minimalista —como decía un pianista cordobés: “Soy minimalista, toco lo mínimo y mal”—, como cuando se agrega la banda, que te nutre con timbres y otra energía. Eso en el Monticello lo vamos a poder disfrutar mucho.


Kevin Johansen y Liniers + The Nada

Gran Arena Monticello
Sábado 4 de julio de 2026,
Entradas vía Ticketmaster.

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