Primera vez en Chile, y Leisure armó toda una atmósfera de buena onda, groove y psicodelia suave en Club Chocolate el pasado viernes. Un show para decantar la semana y desconectarte completamente en lo que pareció ser un Sunset hipnótico y a puerta cerrada. Desde que las luces bajaron, el ambiente se sintió distinto. El escenario estaba cubierto de plantas y visuales cálidas. Afuera seguía siendo Santiago, pero adentro todo parecía suspendido en una tarde infinita donde el estrés simplemente dejaba de existir.

Y eso es precisamente lo que hace especial a Leisure. Más que una banda, se sintió como una frecuencia compartida y amalgamada. Cinco músicos moviéndose como una sola entidad entre guitarras playeras, bajos gruesos, sintetizadores brillantes y ritmos que cruzaban el funk, la estética disco contemporánea, el lo-fi y capas electrónicas llenas de glitches y ecos espaciales que mantuvieron al público flotando. Balanceándose lentamente mientras las voces delicadas del colectivo neozelandés llenaban el Club de una energía sensual y súper chill.

“Is anybody here in love?”, preguntaron antes de interpretar una de las canciones más coreadas de la noche. Y aunque la respuesta llegó entre risas y gritos tímidos, el concierto entero parecía construido alrededor de esa idea: canciones para enamorarse, para bailar lento o simplemente mirar a alguien mientras las luces cambian de color.
Temas como “All Over You”, “Take You Higher” y “Slippin Away” hicieron que el recinto completo se moviera en sincronía. Había algo tremendamente estiloso en cómo la banda manejaba los silencios, las repeticiones y las atmósferas. Nada se sentía apurado. Cada groove respiraba lo suficiente para envolver completamente al público.

Uno de los momentos más celebrados llegó con “Got It Bad”, donde celulares terminaron arriba grabando mientras la banda construía este loop de notas misteriosas, mostrando la fuerza que tiene hacer canciones que suenan delicadas pero que físicamente te obligan y llevan a moverte.
Más adelante invitaron a un saxofonista al escenario, elevando todavía más la sensación jazzera y nocturna del show. El diálogo entre el saxofón, las guitarras y las percusiones terminó llevando el concierto hacia terrenos mucho más orgánicos, especialmente en una sección marcada por bongós, grooves latinos y un solo de tambores que tuvo a todo el público bailando.

Entre canción y canción los artistas agradecieron varias veces el recibimiento chileno. “Venimos de una isla pequeña”, comentaron entre risas, sorprendidos por la conexión inmediata con el público santiaguino. Y la verdad es que esa conexión se sintió genuina durante toda la noche.

Ya pasada la mitad del concierto, el show entró en una especie de trance colectivo. Las influencias disco comenzaron a aparecer con más fuerza, mezclándose con texturas contemporáneas y manteniendo la identidad relajada y elegante de Leisure.
El momento más íntimo llegó cuando uno de los artistas pidió que quienes hubieran ido acompañados de alguien que aman se abrazaran, y el público obedeció de inmediato. Parejas abrazadas, amigos balanceándose juntos y una multitud completa entregada a una vibra romántica y suave que pocas veces se ve en conciertos de este tipo.

Y aunque todo el show se movió entre ritmos delicados y voces aterciopeladas, el cierre fue una verdadera fiesta. “Are you ready to dance?”, lanzaron antes del tramo final, desatando los grooves más bailables de la noche. Desde ahí en adelante fue puro movimiento: manos arriba, cuerpos bailando y una banda disfrutando sinceramente el momento.
El final llegó entre aplausos gigantes y una bandera chilena desplegada sobre el escenario mientras la banda se despedía prometiendo volver pronto. Y honestamente, después de una noche así, costaba no creerles.

Porque más allá de la sofisticación sonora o de la impecable ejecución musical, lo que hizo Leisure fue regalarle a Santiago una pausa. Una noche para bajar las revoluciones, dejar atrás el ruido del día y simplemente existir dentro de una nube cálida de soul, funk y groove contemporáneo.