A 159 días del dieciocho: Los Espíritus y Los Mirlos en un Coliseo sediento de cumbia

Los Mirlos

Con la efervescencia de un viernes dieciochero, el Teatro Coliseo se vistió de cumbia el recién pasado 10 de abril. Los encargados de hacernos bailar: Los Espíritus y Los Mirlos. Dos agrupaciones y un solo sentir: La cumbia psicodélica; más que una manifestación de los sonidos andinos, una corriente artística que a estas alturas es patrimonio cultural de la identidad latina. 

La cita nos convocó pasadas las 21:30 y los encargados de abrir el portal fueron Los Espíritus. La banda argentina, que ha sabido heredar con maestría ese trance en el blues, preparó el terreno para el regreso de Los Mirlos tras su visita el año pasado a la Yein Fonda. Juntos, convirtieron la jornada en un ritual donde las fronteras entre el género y la experiencia sensorial terminaron por disolverse.

Los Mirlos
Fotografía por Cate Muñoz

Los Espíritus: El matiz blusero de la noche 

En cancha se dejaba entrever espacio suficiente para bailar. Entre las conversaciones del público flotaba un eco del pasado reciente: la cancelación del Ritual Fest 2025 en la Estación Mapocho, que originalmente los traería junto a Perotá Chingó y Monsieur Periné. Se sentía en el aire que muchos y muchas estaban allí saldando una deuda pendiente, haciendo uso del canje de entradas para ese show que nunca fue.

Más allá de esa lectura, el ambiente también cargaba con otros matices más complejos. En marzo de 2019, se hizo pública una denuncia de abuso sexual contra el vocalista, Maxi Prietto; un hito que fracturó a la agrupación y provocó la salida de Santiago Moraes, Francisco Paz y Fernando Barreyro. Una dualidad y controversia que sigue siendo parte de la atmósfera que rodea a la banda. 

Pese a todo, la agrupación argentina —formada en 2010— logró sumergir al Coliseo en su sonido característico, haciendo un repaso por piezas emblemáticas de Gratitud (2015) y Agua Ardiente (2017), además de mostrar la vigencia de su trabajo más reciente, Camina (2025).

Esa pulsión que funde el rock, el blues y los ritmos afrolatinos fue la que nos sacudió con “El Viento”, “Jugo”, “Huracanes”, “La mirada”, “Mares” y “Noches de verano”. Entre humos, cabezas en movimiento y aleteos chicheros, compartimos con conocidos y extraños en una suerte de “dieciocho chico”, desatando hacia el final un mosh que de golpes y empujones frenéticos poco tenía, pero que sin duda marcó un momento significativo. Mientras sonaba “La Radio Que Mueve Al Mundo”, la descarga de energía se volvió necesaria: al centro del recinto se juntaban trayectorias y goces que, al conectarse con otras, eran expulsadas de allí, amablemente.

Fotografía por Cate Muñoz
Fotografía por Cate Muñoz

Los Mirlos y la vigencia de la chicha peruana

Tras la estela espiritual que nos dejó bien arriba, seguía el hito final: la presentación de la banda nacida en Moyobamba, Perú, en los años 70. Los Mirlos, ese proyecto sonoro y experimental que terminó convirtiéndose en el soundtrack obligatorio de nuestros septiembres y celebraciones, aterrizaba con su inconfundible sonido amazónico.

Haciendo un viaje por su vasta discografía, la banda demostró por qué hoy su legado conecta con nuevas generaciones y artistas como Guaynaa o Bomba Estéreo. Algo en el sonido de la chicha se siente como un código genético que activa el baile en este lado de la cordillera. Cuando ese sonido amazónico comienza a desenvolverse, algo se prende en el ADN; una fusión de cumbia colombiana, huayno andino y rock psicodélico que desataba un clima tropical en el ambiente y, en nuestras caderas, unas ganas de recorrer cada instrumento con el vaivén de una nostalgia entrañable.

Los Mirlos
Fotografía por Cate Muñoz

La historia dice que fusionaron la tradición reemplazando el acordeón por la guitarra eléctrica y creando ese sonido “selvático” que hoy es objeto de culto para coleccionistas, legando una sonoridad de la que sabíamos poco, pero en la que sentíamos mucho. Así, con temas que han sobrevivido a décadas de cambios, transformándose en himnos como “La Danza de los Mirlos”, “Eres Mentirosa”, “El escape”, “Un traguito de ayahuasca” y “El Milagro Verde”, Los Mirlos nos hicieron bailar sin descanso.

Uno de los puntos más altos de la noche fue la interpretación de “Cariñito” junto a Santaferia, quienes se sumaron para elevar el nivel de la fiesta y profundizar en ese sentir cumbianchero de Santiago y Lima —ciudad que vio nacer el género en los años 60 de la mano de migrantes andinos que plasmaron su vida de barrio popular en esta música—.

El encuentro se sintió como la confirmación de que la cumbia psicodélica sigue siendo auténtica, viva y combativa. Fue ver cómo el legado patrimonial peruano dialoga con los ritmos de otras latitudes, desde el rock de Buenos Aires hasta la nueva cumbia chilena. Más allá de una cita para bailar, este tipo de conciertos nos recuerda el impacto cultural de la música y la importancia del reconocimiento de las voces que han marcado generaciones. En un mundo globalizado, la música que gozamos el 10 de abril actúa como un puente de melodías compartidas, recordándonos que el arte vibrante de las identidades diversas latinas es hoy parte de las celebraciones en todo el mundo.

Qué bueno fue vernos en la pista.

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