A fines del año pasado el músico chileno Leo Quinteros demostró que sigue en buena forma, con su primer show oficial en años, ante la acogedora Sala Master de la Radio Universidad de Chile, mismo lugar que lo recibió en incontables ocasiones cuando daba sus primeros pasos a mediados de los 2000.
Aunque para toda una generación, Quinteros es una figura misteriosa que solo aparece de vez en cuando entre las sugerencias de rock chileno de YouTube, para otros es el dueño de un cancionero más que interesante, con temas destacados como “La enredadera”, “Andes Empire”, “Fiesta Pagada” e “Invisibilidad” que tuvieron cierta rotación en Radio Uno y en Via X.
Ahora, con nuevas ideas y una banda potente que lo escuda en sus shows (integrada por Leo Saavedra, en teclados, Diego Peralta en bajo, el baterista Gabriel Parra y Águila, en guitarra eléctrica), este artista arrancará este 2026 con un show en el Bar de René, este jueves 22 de enero (entradas vía Portaltickets), donde revisitará su catálogo y adelantará parte de lo que será su futuro séptimo álbum de estudio. ¿Cómo será este trabajo? Aquí hablamos con él.

¿Cómo ha sido para ti este regreso a la actividad?
Yo diría que estoiy recién empezando, pero ha sido súper bueno. Ha tenido súper buena recepción, la banda con la que estoy tocando es muy buena y disfrutamos mucho tocar y hacerlo. Además, está todo este camino paralelo de estar grabando el disco, que ya quiero que salga, pero hay que terminarlo bien.
Había una necesidad mía, natural. La misma enfermedad que te hizo empezar a tocar años atrás es la que te hace volver a seguir tocando.
¿Desde cuándo empezaron a salir canciones? Tú nunca dejaste de tocar 100% o de estar desconectado de la música; estuviste haciendo podcasts también…
Nunca me he desconectado 100% de la música. También he hecho cosas, apariciones siempre, proyectos que no tienen salida, sino que son cosas entre amigos. Lo que sí dejé fue la actividad de estar publicando, tocando y rotando, que es lo que hace una escena y una actividad musical que la gente puede reconocer más, como plantear un espectáculo.
¿Y en qué dedicaste estos años?
Otras cosas. Familia, atender otros aspectos de la vida. También escribir. Tuvo esa publicación de ese libro infantil (“El Cuento del Pirata Comearañas y su viaje a la pizza del tesoro”, Editorial Planeta Lector), que anda dando vueltas por ahí, que todavía se vende y está publicado, creo, como en cuatro países. Está traducido al portugués, está en Estados Unidos, en Colombia, en Perú, en México y acá.
El disco que estamos grabando ahora un poco compila toda esta época, donde yo he seguido componiendo, y por eso a veces quizás el disco tiene una identidad menos unitaria que otro. Por ejemplo, Antártica es muy de un momento: una grabación que se hizo en dos o tres semanas. Este disco tiene canciones de distintas épocas y, por lo tanto, distintos estados de ánimo, distintos colores. De repente hay algo de mejor humor, algo más oscuro, algo más pesado; mezcla más.
¿De cuándo son las canciones más antiguas? ¿De qué años son?
Mira, la más antigua es un descarte que recuperamos con Javier Barría -con quien estoy trabajando el disco-, que es una canción que no quedó en Los accidentes del futuro (2007). Pero todo el resto son canciones de los últimos seis años.
Dentro de estas canciones, en los sonidos o el estilo de ciertas canciones, ¿hay cosas que antes no habían aparecido? ¿Sonidos nuevos, influencias nuevas?
¿Sabes lo que tiene? Ayer estaba en el ensayo y ensayamos “Invisibilidad”, que tiene hartos años, y el guitarrista me decía: “no todas tus canciones tienen coro, y esta tiene coro”. ¿Sabes? Como que eso a la gente le gusta, porque yo soy de escribir y, de repente, una canción puede simplemente contar un cuento y no tener un coro así probablemente tan pop. Yo creo que este disco sí tiene esa consideración.
El disco que estamos grabando son canciones que tienen coro en su mayoría —hay algunas donde me voy por las ramas—, pero claramente hay instancias más concretas como esas. Yo creo que eso al público que disfruta las canciones que yo hago le va a gustar, porque es como una puerta más directa para disfrutar la música.

¿Y eso para cuándo estaría?
Yo creo que vamos a estar mezclando en marzo, porque nos quedan un par de meses de grabación, pero todo depende de si se fabrica antes o sale por Spotify antes, porque Spotify es como al tiro. Definitivamente va a estar dentro del primer semestre de este año.
Tú apareciste justo en la música cuando la música estaba como derrumbándose a nivel de industriam a mediados del 2000. Ahora hay toda una industria de vuelta y las plataformas digitales. Con este álbum nuevo ¿cómo te gustaría presentarlo? Primero vinilo o privilegiar lo digital…
Mira, cada época tiene sus maneras. A mí me gusta mucho el disco, no solamente por un fetichismo de época, sino porque suenan mejor que el streaming, directamente. O sea, un CD o el vinilo, por ejemplo, tienen un súper buen sonido. También entiendo que es la manera en que la gente accede hoy día a la música, y tampoco voy a tratar de evitar que la gente llegue al disco. Pero sí va a tener más de un formato. Creo que el formato ideal, donde va a estar pensada la edición, es el vinilo.
¿Qué te llevó, aparte de las canciones, a volver a presentarte en vivo?
Bueno, yo creo que son varios factores. Por un lado, empieza la necesidad como física de hacerlo. De repente uno va a ver un grupo y dice: “Quiero volver a subir al escenario”. Por otro lado, también creo que es necesario, a nivel personal, revalorar el repertorio, todo el trabajo que está hecho, todo lo que se hizo. Creo que dejarlo ahí no era algo que yo quería. De repente, con el tiempo, uno mira para atrás y dice: “¿Sabes qué? Esto está bueno”, ¿cachái? Hay un montón de trabajo que está súper bien hecho.
En estas apariciones que a veces hacía, me daba cuenta de que la gente no solamente se acordaba, sino que se sabía las canciones. Hay un público ahí y pensé en que esto había que revalorarlo y salir a defender un poco tu propio repertorio, y esta banda creo que lo hace super bien.
¿Cómo ves el momento actual de la música, del rock y el pop independiente en Chile?
Yo creo que hay una cuestión generacional. Todas estas bandas del 2000 que descubren la independencia, en el fondo: grabar por sí mismos, sacar discos, organizarse, ahora vuelven o lo siguen haciendo. Yo lo veo súper bien, en el sentido de que las escenas musicales no se sostienen por las grandes bandas. No existe la escena musical acá en Chile porque existe Coldplay, ¿cachái? Existe porque existen pequeñas bandas, proyectos, grupos de gente, amigos que se juntan, tocan, van a lugares, y alrededor de eso se genera la vida. Se disfruta de la música y la ciudad tiene una vida propia.
Creo que es importante que las ciudades tengan una vida propia y no solamente sean una especie de receptoras de lo que la industria nos dice: “Estas son las cosas que tienen que escuchar, esto es lo que tienen que leer”. Que la ciudad tenga su propia vida: que los músicos toquen en los lugares, que la gente se organice, que un señor ponga una tienda de instrumentos y la gente se los compre. Creo que así se arma la vida, la vida real de Santiago.