Fotografías por Raúl Álvarez Malebrán
Texto por Patricio Pérez Ocayo
Al momento de hacer el recuento de lo que fue el 2025, en las conversaciones y debates sobre los discos destacados del año apareció en varias ocasiones el tercer disco de Rosario Alfonso junto a palabras como “compañía” y “acompañamiento”. Quizás esa es la mejor forma de definir esta colección de canciones, que surge casi como un manual en clave pop para superar una ruptura amorosa.
Creadas en su mayoría en el 2025, este trabajo es un claro reflejo del crecimiento de esta cantautora chilena, quien tras su álbum De canciones tristes y otras sutilezas (2022) vio sumar millas y timbres en su pasaporte, además de historias, experiencias y decenas de nuevos amigos en distintos lugares de Latinoamérica.
“Hay una búsqueda de ternura, de que suene un poco “cute” todo, con un poquito más de ligereza versus el disco anterior”, explica Rosario sobre el personalidad presente en su tercera placa. “No era tan consciente de que la gente me vinculaba a la ternura y la dulzura, que es algo que me repiten harto cuando hablan de mi música. Me han dicho cosas como “encuentro que eres muy dulce” o “traes mucha calma y ternura”. Empecé a ser más consciente de eso y lo quise incorporar así, no solo por mi voz”.
Ese espíritu tierno está presente en la estética del álbum -que llegará en vinilo y CD próximamente-, que creó la propia Alfonso, inspirada en las tarjetas de regalo de Village. “Yo nací en los 90 y hay una cosa con lo cute que quería que existiera. ¿Qué más tierno que un gatito y unos corazones? Ese es el mood del disco y qué lindo como que se sepa desde el principio”.
Su presentación será en grande, este jueves 8 de enero en el Aula Magna del Manuel de Salas (entradas vía Portaltickets), donde Rosario se presentará en formato eléctrico “full banda”, donde ella también se liberará por momentos de los instrumentos para encarar las canciones de otra forma. “Soy súper tímida, pero también histriónica; tengo esa dualidad. Quiero explorar ese lugar, estar presente y disfrutarlo”.
Sobre los 18 tracks que componen su tercer disco (entre canciones e interludios), conversamos en profundidad con Rosario Alfonso para conocer más sobre su guía para “Cómo enamorarse con el corazón partío”.

Hazme sentir bien
Yo le digo “el hit del disco”; o sea, no sé si es el hit… pero cuando la hice sentía que era una canción muy oreja. Es un poco optimista, siento que le da el tono al disco. Tiene una cosa media tiernucha, además de su parte triste. Es como una balada romántica, a pesar de que el ritmo quizás es más bluesero, siento que va por ese lugar.
Hilo Invisible
Es el track latinoamericano del disco. La compuse el año pasado y es como una declaración de segundo amor; o sea, es como decir: “Uy, me doy cuenta que eras tú. ¿Y tú qué pensás al respecto?”. Un poco de eso se trata. En la letra traté de hablar sobre el amor sin necesariamente decir la palabra “amor”; traté de pensar en historias de amores épicos y por ahí fue naciendo la letra.
“Viajes y canciones”
Es un ensayo. Estábamos en la casa de Alejandra Paniagua en Xalapa. Es como aprovechar elementos. Ponte tú, la canción anterior tiene arpa, que la grabó Claudio Constanzo, pero la inspiración vino de haber tocado con Alejandra durante la gira y haberle mostrado una canción. Quise aprovechar estas notas de voz que fui grabando, que siempre son de ensayos o visitas. Cuando nos juntamos con amigos a tocar, yo pongo la grabadora porque después, en los viajes, me gusta escuchar al Diego hablando o a la Ale conversando, a los amigos que me he hecho en los viajes.
Puedo imaginar
Es una colaboración con San Pedro Bonfim, un artista ecuatoriano, del grupo Lolabum. La primera vez que viajé hicimos buenas migas, conectamos a través de la música y la segunda vez que viajé, fui por mucho tiempo a Bogotá. Pedro fue de las personas que me acogió y empezamos a hacer esta canción juntos.
Para mí es full inspiración la música de los 70; pensar en Gainsbourg y Birkin, o en la película “Un hombre y una mujer”, e incorporar algo un poquito bossa, un poquito bluesero, con sus tecladitos eléctricos.
Con lo de las notas de voz… fue como apropiarse de las cosas que fueron pasando; sentía que era muy mágico y también una forma de mostrar nuestras personalidades.
Corazón
Es un poema que nació y quedó tal cual. Fue algo improvisado; de hecho, estaba en un concierto de Olivia García y por eso quedó ella también en los créditos. Me gusta dar el contexto de cómo se hicieron las cosas. Cuando entendí de qué se trataba el disco y cuál era el mood que quería darle, encontré esta nota de voz y dije: “uy, esto es”. De ahí vino la idea de ponerle “Corazón” al disco también.

Si bien fue poco
Es una canción muy antigua, pero recién ahora fue el momento de hacerla. El mundo que armamos alrededor de la canción me gusta mucho, tiene más ambiente y pasan cosas “raritas”. Fue la primera canción a la que le pusimos un teclado y después empezó a aparecer en otros temas. Para mí es súper especial. Yo diría que es un “The Winner Takes It All” de ABBA en versión chilena (risas).
Color de rosa
Uh, esa es dolorosa. La letra es súper triste y se trataba de hacer un contraste. Me ha pasado más de una vez estar triste por temas amorosos y ver parejas que se besan en la calle, o a tus amigos pololeando… es terrible. Tampoco es tan grave, pero en ese momento no se siente bien. Quisimos plasmar ese contraste eligiendo el vibráfono como instrumento único; es solo vibráfono y voz, y es lo más tierno del mundo, como una cajita musical.
Museo
Es una nota de voz grabada en el Museo del Prado, donde estábamos con Diego Lorenzini viendo los Goyas. Se conecta mucho con “Un libro” y tiene que ver con la curiosidad. Antes de ser artista, uno es una persona curiosa.
Un Libro
Es una canción para todos los niños interiores. Son recuerdos infantiles. Yo crecí en La Serena y en Quintero. Mi mamá es profesora de Castellano, entonces leía muchos libros. Es esa sensación de escuchar a alguien leyendo a tu lado, o de ser muy chica y querer entender las cosas sin poder. Se trata de la curiosidad.

Barcos
Es una nota de voz que, en realidad, era una historia de Instagram a la que le rescaté el sonido. Era un paseo en Valparaíso donde los barcos empezaron a tocar las bocinas y armaron unos acordes loquísimos, unos clústeres. Estábamos con una amiga mexicana y mi papá es pescador; me volvió loca escuchar eso. Sentía que tenía todo el sentido del mundo por mi conexión con la costa.
Besos de frutillita
Es otra “volá”, con Simón Campusano, que la coprodujo. Es una canción de infancia; los recuerdos de estar intruseando la cartera de la mamá. La maqueta original era voz y cuatro, pero le doblé la voz, empezó a sentirse como que tenía un chourus y fue como, “esto podría ser esto otro”. Entonces, pensando en música que había estado escuchando, Lovin’ Band o Alice Phoebe Lou, que no es la música más típica de una cantautora… solo que es como que está vestido con otra ropa.
Trabajamos también esta canción con Alan (Yaima Cat). Él se mete harto en los procesos artísticos. No es tanto un editor, sino que trata de entender qué es lo que yo quiero contar. Escuchamos hartos referentes. Es muy importante la comunicación entre artista y productor para saber hacia dónde direccionar el disco. Ya nos conocemos hace tiempo y hemos evolucionado nuestra forma de trabajar.
Promesas de amor
No quedó en el disco como canción, dejamos solo un trocito como transición. Era como llevar al oyente, como bajarlo un poquito después de “Besos de frutitas”, que es bien estridente, y devolverlo a este tema, que es como lo que atraviesa un poco todo el disco, que es cómo enamorarse con el corazón partido.
Me sentí tan sola
Es la canción más triste, pero con un halo de esperanza. Hicimos un arreglo de violines con Ailina San Martín, una violinista muy buena, nunca había visto a alguien tocar tan bien. Tiene un aire cinematográfico. Había estado escuchando mucho la canción de Javiera Mena con Santiago Motorizado (“Mar de Coral”) que en un momento entran los violines y como que brilla, y como que de ahí viene un poco la inspiración.
Sobre añorar
Es una nota de voz de Anthony Escandón reflexionando sobre la canción que estábamos escribiendo. Él es un artista mexicano, bien admirador de Uva Robot, que me escribió para vernos cuando supo que iba a México. Yo sabía que quería que fuera un bossa, y es chistoso porque las dos horas de composición están grabadas en notas de audio. Entonces esto es un recorte de un ratito de dos horas.

Todo lo que no
Es la canción que hicimos juntos con Anthony, con Alfredo Tauber como trombonista, que siento que hace una cita a “Tren al Sur” (Los Prisioneros), como el “turururu” y ahí cambia (risas). Anthony es un autor increíble, sus canciones tienen mucho que ver con Uva Robot: letras divertidas, ingeniosas y ritmos entretenidos. Él se autoproduce, así que suena muy indie. Esto es como nada, la punta de la uña de lo que él puede hacer.
La vidita
Es un ensayo con Nico Pimentel, un pianista que estaba ensayando con un piano eléctrico de Milena Antonia. Ellos se presentan en distintas partes y me invitaron a cantar en un concierto. Esta es la versión más tierna de esta canción posible, en la producción decidimos como ahí pitchearla y hacerla aún más tierna.
La vida pasa
Siento que es como un clásico que nos llegó de alguna parte. Es una colaboración con Niña Tormenta. Nunca habíamos compuesto una canción juntas desde cero. Teníamos una colaboración, pero era más como que yo la invité a cantar a lo mío, y esta fue así escrito a la par, hicimos un match up y nació esta canción.
Es muy entretenido porque también están los audios de cuando estábamos ensayando y nos moríamos de la risa. Es algo lindo de vivir: saber cómo fue el proceso de todos estos años colaborando juntas.
Dime cosas lindas
Es una versión cortita de “Hazme sentir bien”, grabada en un Rhodes original por Tomás Cordero. Sentía que partir y cerrar con la misma melodía le daba sentido al disco. Y la ternura siempre está ahí, y ¡qué mejor que te digan cosas lindas!.