“La ley del género” es el nombre de la retrospectiva con la que durante octubre y noviembre se exhibirá en la Filmoteca de Barcelona parte de la filmografía de Raúl Ruiz (1941-2011) y Valeria Sarmiento, cineastas chilenos que, durante los más de 40 años que estuvieron juntos, tanto en Chile como en el exilio en Francia, trabajaron a la par en sus películas soñantes. Ella como montajista de cabecera y él como guionista de algunas de sus obras, el cine se volvió su hogar y su familia.
El nombre de la retrospectiva no fue elegido al azar para relevar a esta pareja filmográfica, dado que Sarmiento ha sido relegada a ser la viuda de un cineasta indefinible, cuando en la práctica la nacida en Valparaíso en 1948 construyó un camino propio, con una mirada crítica de temas como el exilio, identidad y colonialidad, realizando producciones internacionales. Sin Sarmiento, las películas de Ruiz no se habrían terminado, no como el multifacético artista habría querido.

Hoy, la albacea de la obra del puertomontino, participó el 2 de octubre en la inauguración de la retrospectiva, realizando un viaje express desde París a Cataluña, motivo para recordar y confundir el pasado con el presente, un sueño recurrente donde Ruiz es un fantasma que se niega a descansar.
Reflejo de ello es que adelanta en esta entrevista que seguirá el trabajo de restauración con la productora Poetastros. Si ya en la última década nos sorprendió con “La telenovela errante”, “El tango del viudo y su espejo deformante” y “El realismo socialista”, tres obras que se daban por perdida del catálogo, Sarmiento espera devolver a la vida “La Colonia Penal”, grabado por Ruiz de 29 años en 1970, recordada como un irreverente largometraje inspirado libremente en un relato de Franz Kafka, y que en internet se encuentra una copia que no le da el mérito que corresponde, contando una sátira política sobre un dictador en una isla prisión. A la vez, se espera que en 2026 se estrene “Detrás de la lluvia”, largometraje que evoca su infancia en la costa, y que durante mucho tiempo soñó con llevar a la pantalla grande.
Horas antes de la inauguración, con los rayos de sol que entraban por el frontis de la Filmoteca, Sarmiento respondió con la calidez que se le conoce. Valeria no niega que dar entrevistas la cansa, y nunca es fácil recordar tantas anécdotas al lado de alguien con el que viajó por festivales y locaciones, pero su sonrisa dice lo contrario, agradecida que nuevos ruizianos se apropien de una obra que crece en fanáticos y creyentes.

-La retrospectiva en Barcelona los reconoce a ambos por igual, y el título “la ley del género” resulta muy sugerente. ¿Cómo valora este reconocimiento? Considerando que, pese a las dificultades, ambos pudieron desarrollarse como cineastas, tanto en conjunto, como también en sus proyectos individuales.
Raúl hizo 120 películas y si sumamos las que estamos rescatando van a ser 125. Yo he hecho 30 (películas). No tuvimos hijos, así que tuvimos películas. Está bien.
-Es justo, porque igual el desarrollo de una película implica una gestación con muchas dificultades. Ruiz se refería a las películas como seres humanos que no se pueden poner de mejor a peor.
No, además siempre no falta quién te pregunta cuál de todas tus películas prefieres. Es como los hijos, siempre les tendrás cariño.
-Hace poco en una entrevista, Jorge González, ídolo chileno que está a la altura de Ruiz, decía que recién a los 50 años uno empieza a entender ciertas cosas. A sus 76 años, ¿cómo mira ahora el cine y el oficio de cineasta?
Cada vez veo que es más difícil hacer cine, porque cada vez el cine está más convencional, los productores cada vez están más insoportables, porque se meten en las películas. Además, con el digital, todo el mundo trata de meterse en las películas, porque hay muchas versiones de la película, y eso a mí no me gusta mucho. No sé, estaba pensando que tengo que dedicarme más bien a hacer instalaciones a partir del cine.
-¿Y de qué le gustaría hacer instalaciones? ¿Con qué está soñando?
Por ejemplo, con las películas de Raúl se pueden hacer instalaciones muy bonitas.

Ruiz como fantasma
-Raúl Ruiz decía que un fantasma se puede ver pero no escuchar y escuchar pero no ver. ¿Cómo es convivir con el fantasma de Raúl?
Me sale hasta en la sopa (risas). Raúl no me ha abandonado, es terrible. Los amigos lo recuerdan, las películas me obligan a pensar cómo las voy a terminar. Es algo que vive y convive conmigo ahí todo el tiempo. ¿Qué le voy a hacer?
-Es una forma de compañía que no está mal en estos tiempos.
No está mal, no está mal, pero a veces le diría ¡déjame tranquila!

-Los fantasmas tienen derecho a descansar. ¿Cómo es seguir trabajando en estos rescates de películas que quedaron inacabadas? Sé que irán a buscar una a Madrid.
Es una película que hay que restaurar porque se ha visto muy poco, se llama “La colonia penal”.
-Los registros en internet de “La colonia penal” están en muy mala calidad.
Sí, por eso hay que tomarla y rehacerla prácticamente. Hay una copia que está en Londres y otra copia que está en Madrid. A partir de eso, yo creo que se va a tratar. Pero no se ha conseguido todavía el dinero para hacerlo.
-Rescatar también es memoria, porque salvar esas películas también es tratar de volver a ese pasado. Creo que el cine es también una forma de combate con la muerte. ¿Qué opina al respecto?
Creo que a Raúl le habría encantado que los rescataran completamente. Raúl no quiere morirse, no hay caso.
-En una entrevista que le hice a Francois Margolin (productor), él me comentaba que Ruiz le tenía miedo a la muerte y por eso hacia el cine.
¿Tú crees?
-Yo creo que no, porque el hecho de hacer una película es mantenerse con vida.
Él toreaba la muerte (risas).
-¿Es verdad que lo operaron tres veces del hígado?
Lo operaron del hígado y la primera operación no resultó. Después, le hicieron un implante de un hígado portugués. Él decía “tiene que haber sido un negrito, porque mira, se me está poniendo crespito acá” (Valeria se toca el pelo). Tenía siempre esas bromas, digamos.

-Ruiz tiene un aire a portugués. Posee el récord del cineasta extranjero que más películas grabó en Portugal.
Sí. Con el hígado que le prestaron en Portugal le permitió realmente vivir un año en el cual hizo una película, escribió una novela y… Realmente, el año fue completísimo (2010 a 2011).
-Y dejó las directrices para “Las líneas de Wellington” que terminó finalizando usted.
Realmente dejó muy poco, porque no podía ir a seleccionar los lugares. Y lo bonito de ahí fue que todo el mundo que trabajó en la película lo hizo como homenaje a Raúl. Por eso vinieron precisamente Michel Piccoli, la Catherine (Deneuve), la Isabelle (Huppert)… Y tuvimos que agregar secuencias, porque ellos querían estar ahí como homenaje.
-En esa película actúa Marisa Paredes, que murió hace muy poco. Esta idea del cine como una forma de torear a la muerte, porque me gustaría conocer su percepción sobre el más allá. Ustedes formaron una verdadera familia de trabajo en el exilio, con Jorge Arriagada, o Waldo Rojas que está muy alicaído de salud. ¿Pretende descansar en algún minuto ya cuando logre la finalización de los rescates?
No sé, no tengo idea cuántos años de vida me quedan, no tengo idea.

-Me gustaría preguntarle sobre “Detrás de la Lluvia”. Usted anunció en un diario que iba a ser su último trabajo como cineasta. La película ya está en postproducción. En los diarios de Ruiz, él menciona muchas veces este proyecto en varias décadas, un proyecto que usted tenía hace mucho tiempo.
Fueron muchos años, muchos años.
-¿Qué se siente ahora saber de que está cerca de poder ser vista?
No sé… Tengo que tomar distancia, todavía no tengo la distancia para verlo.
Nuevos ruizianos
-Hay un renovado interés por la obra que ustedes construyeron. Siento que a Raúl no se puede mirar por separado de Valeria. Si bien siempre sale el nombre de Raúl por el de usted, sin usted las películas no se terminan.
No, porque precisamente le cargaba ir a la sala de montaje, a Raúl no le gustaba.
-¿Cuál es el problema con la sala de montaje?
Lo que pasa es que a él no le gustaba ir a la sala de montaje porque no quería estar encerrado. ¿Por qué le gustaba trabajar conmigo? Porque en la mañana tomábamos desayuno, me decía quiero que hagamos esto, esto y esto otro. Yo partía a la sala de montaje y él venía al final del día, pero él había pasado todo el día preparando otro proyecto, o viendo a sus amigos, o entrando en las librerías. Entonces era siempre…Y además hay otra cosa que hay que decir, Raúl filmaba en película, y filmó muy poco en vídeo, y siempre nunca hacía más de cinco tomas. Entonces, el montaje estaba ya pensado en la película, a diferencia de lo que hacen ahora los jóvenes que filman y filman y filman y tratan de… Tienen que ver 30, 40 o 50 horas en la sala de montaje, es un horror.

-¿Qué es lo que le gusta del montaje? Finalmente, es ordenar la historia.
Es la primera vez que tú ves lo que es la película en la sala de montaje. Es muy bonito ese descubrimiento. Es especialmente bonito ese descubrimiento.
-Hizo tantas películas. Para encontrarlas hay que ingresar en muchos sitios donde no todos sabes como buscar, como el Youtube ruso y muchos otros.
Estamos viendo la posibilidad de hacer un catastro, para buscar dónde están todas las películas y hacer un orden. Es que dejó tanto sin grabar… Síndrome del hijo único.
-Esta nueva generación de ruzianos ven sus películas en muy malas copias en internet, y es la única manera de acceder a este cine, pero también hay una rebeldía dentro de ello, de finalmente poder llegar a ello como si estuviera prohibido. ¿Qué mensaje le daría a estos jóvenes que, como usted y Raúl, están tratando de encontrar un método para hacer arte?
Yo creo que lo más importante es ver cine. La única forma de aprender el cine es viendo. Y en lo posible es verlo en sala.
-¿Cómo se puede defender la voz autoral dentro del actual ecosistema creativo? ¿Cree que es posible o está muy difícil?
No sé, yo creo que el mundo está cada vez peor. Yo temo que se nos viene una nueva guerra, y eso me parece terrible.

-El avance de la ultraderecha hace exacerbar los nacionalismos y creo que hay una tarea de rescatar una chilenidad como lo hizo Ruiz. No se trata de que somos mejores que otro país, sino rescatar nuestra lengua, nuestra idiosincrasia dicharachera.
Sí, en ese sentido “La recta provincia” es la película más chilena de Raúl.
-Total, es la única película de Ruiz que he podido ver con mis padres.
(Risas) Ya, es bonito esa película, ¿no? Además, el hecho de que andan buscando a quién pertenece el hueso. Esa película la dejó llena de claves para los chilenos.
-¿Y Cofralandes?
Cofralandes me encanta, pero sobre todo la primera.
-¿Cree que con las plataformas de streaming de películas actuales Ruiz habría grabado para Netflix o Filmin? ¿Cree que habría encontrado espacio en estos sistemas?
Yo creo que sí, porque Raúl se adaptaba con mucha facilidad. Y en la medida que le hacían confianza como se dice en francés. Sí, yo creo que habría funcionado, pero nunca habría sido una película convencional.
-Frente a la retrospectiva, ¿cuál es su relación con el pasado? ¿Le molesta hablar del pasado?
A veces se me han olvidado algunas cosas. Es que son muchas películas y cada película son 60 personas. Es mucha gente, muchos recuerdos.
-¿Cómo le gustaría definir su trabajo? No cualquiera hace 30 películas.
Hice lo que pude (risas). Yo diría que eso. Hice lo que pude. Pero no más. Era muy difícil en la época. Y sigue siendo difícil hacer películas.