Fotografías de show en Trotamundos Valparaíso, por Gerardo Aliaga. | Fotografías entrevista por Víctor Gálvez.
El próximo 10 de octubre se verá el fin de Lucybell. Aunque se trata de un receso indefinido, o una pausa como ellos mismos lo ven, nunca se sabe lo que nos depara la vida.
Desde julio de este año, el trío chileno ha recorrido gran parte del país (y la Ciudad de México) para decir “hasta pronto” a toda su fanaticada, con un potente show en el que lo dejan todo en el escenario, con una lista que ha ido mutando y ampliándose de forma sorprendente, con setlists que van de las 33 a las 43 canciones.
A días del cierre del tour, conversamos con Claudio, Cote y Eduardo sobre cómo han vivido este intenso proceso, analizando de paso algunos hitos de su carrera que, con el paso de los años se vuelven como postales eternas de una historia que parecía no tener fin, hasta ahora.
¿Cómo ha sido este repaso de todas sus canciones en estos shows?
Eduardo: Créeme que ya desde el primer show empezamos a hacer un setlist que bordeaba las 36 canciones, y eso nos dio como una columna vertebral de lo que queríamos contar en esta gira. Pero creo que, particularmente en Blondie, se nos desarmó un poco ese esquema. En la misma prueba de sonido empezamos a agregar canciones que no habíamos visto, y nos apresuramos a revisar para poder presentarlas en este momento especial… Lucybell es a Blondie como Blondie es a Lucybell, es una simbiosis perfecta.
Creo que el setlist obedece a esta historia que tenemos que contar, un poco a lo que ha pasado con el público. Y preparamos cada show en base a ese estímulo que estamos teniendo mientras probamos sonido, pero que tiene como un calor interno.
Cote: No hay nada mejor que estar ensayando en el lugar donde uno está tocando, esa es la realidad. Hace que la banda esté muy bien tocando, y por supuesto, que tengamos este radio de viraje, que es fundamental, poder cambiar constantemente los setlists de tal forma que sea un show muy dinámico, y que, de repente, la gente que ve repetidamente los conciertos tenga algún momento en qué inspirarse.
¿El último concierto será grabado y tendrá un setlist especial, con algún orden en particular?
Claudio: Sabes que estamos trabajando aún en el set. De a poco, lo hemos ido formando en los conciertos de esta gira, y ha sido muy orgánico el proceso de cómo hemos ido evolucionando en las canciones, y en la forma también de hacer el tema, en la estructura. Sí, sabemos que va a ser un show largo. Queremos entregar muchas canciones que quizás no escuchan siempre. Todavía estamos en un proceso de formación de lo que va a pasar esos días.

-¿Y será grabado?
Claudio: Sí, se va a grabar totalmente. En documental y todo.
Eduardo: En video, en audio, en la cabeza de la gente.
Cote: En la mente de nosotros, desde el escenario. (…) Lucybell siempre ha sido una banda que ha tenido una pata super fuerte en lo audiovisual. Es una banda visual; nos encargamos, en este caso, en esta gira, de que no usar visuales, ni pantallas, salvo en Blondie. Toda la gira ha sido sin visuales, porque la banda es el centro de atención, visualmente, con los colores del concierto, los colores de cada uno de los álbumes, para que el recorrido sea súper lógico, pero también sorprendente. Y eso no es espontáneo; aunque sí dejamos que cada uno interprete a Lucybell desde su punto de vista.
Sin duda, el concierto del 9 y del 10 de octubre van a ser distintos a todo lo que ha sido la gira, porque vamos a tener una enseñanza de 20 o 28 conciertos antes de eso.
-¿Cómo están viviendo esto de que cada concierto puede ser el último de la vida de la banda? Lo he visto en redes, hay muchos videos de gente diciendo: “No puedo creer que esta sea la última vez que lo veo en La Serena”…
Eduardo: Sí, créeme que es una cascada de emociones. No va a ser la última vez, pero si lo es, entregamos todo de forma catártica. Cada canción tiene un universo (…) Es como si empezara un trance de entregarse a lo que te apasiona un poco y creo que eso la gente también lo recibe, y se transforma, como lo hemos dicho mil veces, en un cuarto integrante.
Entonces, cada show empieza como una especie de catarsis, un trance. Me gusta mucho lo que va pasando. Es la primera vez que veo esa dinámica, esa forma de ver los setlists. Hay tantas canciones por revisar que todas parecen estar esperando en la puerta para poder entrar a la cancha y mostrar lo que son. Ha sido un buen periodo de energía y cariño del público.

Lucybell es una de las bandas chilenas con más discos en vivo. ¿Qué pasará con Sesión 3000 y con todo el material que quedó por ahí?
Cote: Ya está (Sesión 3000), casi, casi.
Claudio: Yo creo que hay mucho material para hacer mucha información. Una vez que la banda deje de estar activa, también vamos a realizar un trabajo de búsqueda de material, que por el hecho de estar girando todo el tiempo, quizás no hemos podido pararnos a decir: “Ok, vamos a hacer esto, vamos a hacer un libro de esto…”. Dentro de los planes está, obviamente, poder también rebuscar cosas en vivo, etcétera.
Lucybell es una banda en vivo; básicamente, nació y creció de alguna forma en vivo, entonces, para la banda, es vital poder tocar. Creo que eso me encanta. Grabar discos también me encanta, de todas maneras, pero es otra experiencia. El hecho de estar con el público, y ahora especialmente con toda esta situación de despedida y añoranza que produce cada concierto, que es muy fuerte, hay una energía muy potente con todo eso. Así que creo que estamos tratando de disfrutarla, de tomarla y transformarla de alguna forma también.
El álbum Amanece se reeditó este año en vinilo y CD. ¿Cómo llegaron a esto? ¿Llegaron a un acuerdo con Warner?
Eduardo: Entiendo que hubo una buena presión de parte de nuestros managers y en conjunto con Warner, para convencerles de que era buena idea sacar un disco, reeditando este grandioso álbum de la historia de Lucybell, que fue un álbum bisagra, por supuesto. Creo que hicieron un buen trabajo, porque en el arte del disco fueron cuidadosos, además, con un vinilo en un color particular que tiene que ver con la estética del disco.
Entonces, agradecido, porque fue una buena idea; si todos los fanáticos lo quieren tener, ¿por qué no?
Es interesante que una compañía, que tuvo el honor de tenernos, tenga también la sabiduría de poder explotar su material, porque esto es la historia de Chile y de nuestra Latinoamérica en el rock. Así que, no sean pajarones, chiquillos (dice a los sellos), saquen la música de sus artistas, porque seguramente van a recuperar la plata.

Hablemos de la historia de Lucybell. Si tuvieran que elegir un disco cada uno, ¿con cuál se quedan?
Eduardo: Siempre me ha gustado el disco Rojo (Lucybell, 1998). Creo que, para una banda que existe, sacar un disco así y atreverse a varias cosas, sobre todo con el primer sencillo (“Flotar es caer”), que era un tema atípico para lo que hoy día entiende la industria, o lo que entendía en esa época también… supongo que es un disco que se atrevió y que, de alguna forma, también refleja la intensidad, lo rojo, la fuerza de lo que pasa después del futuro de Lucybell a través de ese disco. Y después, Amanece (2000), que es el disco bisagra, que me llama mucho la atención por cómo la gente lo menciona, en particular, el de la puerta.
Claudio: Fíjate que creo que cada disco tiene algo muy importante, algo histórico. Siempre me quedo con lo último, aunque no sé… quizás con Magnético, que tuvo un proceso de trabajo largo, y también me quedo con las últimas cuatro canciones que sacamos (en el 2024), que representan el momento actual de la banda. Un poco mirando hacia adelante.
Cote: Sí, yo iba a decir lo mismo. Siento que el próximo disco es el mejor. Porque te refleja en el momento. Quizás, simbólicamente, Comiendo fuego (2006) es un disco importantísimo para este trío, porque fue el que nos consolidó como trío y marcó un momento particular en la banda, viviendo en California, experimentando esa industria que ya no existe. Por lo tanto, es un recuerdo especial. Tiene grandes canciones: Fe, A perderse, Raptame el fin, Infinito amor, Eternidad, canciones memorables. Siento que por ahí está, por lo menos, un fuego inicial. Pero, siempre, me gusta pensar no en el futuro, sino en el hoy. Y concuerdo con Claudio en que las últimas canciones siento que son reflejo de lo que estamos viviendo hoy. Esa intensidad, media épica, pero también arriesgada.
Si viniera un director como Scorsese y dijera: “quiero hacer retratar una parte de la historia de Lucybell, de estos veinte años en los que estuvieron ustedes tres juntos”. ¿Qué momento les gustaría que quedara retratado?
Claudio: Buena pregunta (risas). Yo creo que un momento decisivo fue cuando dejamos la compañía en México, después de haber grabado un disco como Comiendo Fuego, que nos tenía sumamente potenciados, por decirlo de una forma. No sé, todo lo que hemos hecho. Yo creo que cuando decidimos salirnos de la compañía y hacer un disco solos. Yo creo que ahí se produjo el cambio, diría yo, ya no depender de lo que va a decir el gerente de turno de la compañía y de las prioridades que tenga la compañía para ponerte o sacarte o dejarte a un lado. Uno se mueve solo, y eso yo creo que ahí es donde a mi gusto creo que cambió bastante.
Eduardo: Sí, es un momento muy especial, sí. Sin lugar a dudas, que si pudiera narrar esa historia, creo que, tal vez le diría que fuera como esas bandas que llegan en las películas gringas y que entran, los pifia toda la gente al principio, y después en el segundo, tercer tema ya tienen al público bailando y quieren comprar sus discos y se van de gira.
No sé, supongo que lo que dice Claudio tiene mucho sentido, porque fue un momento muy especial anímicamente de la banda. Nos fabricamos en conjunto con la compañía una vida, un momento épico para nosotros, una carrera ascendente, con nuevo baterista, con nuevo disco, y de repente: ¡zuaz!, portazo, y un quiebre que hace poco lo entendí o lo visualicé. Fue por la crisis económica del año 2007, 2008 y toda la industria musical, y cortaron por lo más sano en México y quedamos con los crespos hechos, con una linda carta de Warner Miami, que era la sede principal, artistas prioritarios latinoamericanos, y quedó en nada. Entonces, sería un dramático arco de una película de Scorsese en una película de bandas. Hizo a los Rolling Stones, así que Lucybell, acá estamos, señor director.

Si pudieran volver en unos años más, ¿dónde lo harían? ¿En qué lugar sería el ideal?
Cote: No, no, a mí me gusta ir a un paso a la vez. Cada vez que yo he tenido en lo personal pensamientos así muy trascendentales y futuristas, y donde me visualizo no ha correspondido y ha sido mejor el resultado vivido. Así que te mentiría si te digo. Para mí, que volvamos con la vibración que tenemos hoy día arriba del escenario, ese es el punto de partida de cualquier cosa. Sea La Batuta o sea en el teatro griego de Los Ángeles.
Lucybell es una banda que no es ostentosa, no es mediática. No queremos enseñarle nada a nadie, solamente darnos una lección a nosotros tres, de que se pueden hacer las cosas, de que tenemos un equipo confiable, de que tenemos un espíritu que nos lleva a seguir intentándolo y que somos personas humildes, que sentimos que cada uno de los conciertos lo vale y que nos reventamos el alma en cada uno de los shows. Para mí eso es la vuelta real, más allá. Pero eso es para Cote Foncea.
Eduardo: La vuelta de un viaje es para contar historias nuevas. La vuelta de un viaje es para dejar cosas atrás también, resolverlas, y venir con una energía nueva. Hay una historia de los Roxy Music, que se separaron y cuando volvieron fueron mejores. Entonces, supongo que tomando esa premisa, qué bueno sería tener eso: que hagamos un disco aún más trascendental todavía, que hagamos un himno a la vuelta. Es mi misión como músico, compartida con otros compañeros.
¿Y qué es lo primero que van a hacer después de aquel último concierto?
Claudio: Ir a dormir, yo creo (no, risas). Difícil, yo creo. Yo creo que ahí es tiempo. Hay que dar el tiempo a pensar y ver qué hacer. Ahora mente fría, pies calientes, hay que seguir moviéndose, eso es lo importante, yo creo.