Déjenme Dormir en Matucana 100: Potencia y emoción al pie del cañón

Déjenme Dormir por primera vez en Matucana 100, una plaza que se enmarca como un hito para las bandas independientes de nuestro país. Espacio Patricio Bunster fue el lugar para que Juan Diego, Nicolás, Felipe, Keko y Benjamín repasaran lo mejor de su repertorio, interpretando canciones de “Neumonía” y su más reciente lanzamiento “BRONCE”, además de regalar tres nuevas canciones.

Los encargados de abrir la noche fueron los floridanos Fosfenos con su propuesta post-hardcore que motivó los primeros mosh pit de la noche en Quinta Normal. Demasiado y Marchitar fueron coreadas con fuerza, confirmando que eran los invitados perfectos para iniciar la jornada. En ellos se percibe juventud, hambre y un virtuosismo que no necesita adornos para devorar el escenario.

Los versos de Luis Advis abrieron la presentación de Déjenme Dormir. Vamos Mujer, perteneciente a la Cantata Santa María de Iquique popularizada por Quilapayún, otorgó a LO MÍNIMO —la canción elegida para iniciar el set— una emoción necesaria, porque ambas canciones que comparten promesas rodeadas de pesimismo. Fue un lúcido comienzo, que dejó claro que esto no es solo música.

Le siguieron PRUDENTE, BRONCE Y ARCO I, en esta última con Francisca Fuenzalida (Inundaremos) sumándose en la voz, tal como en el disco. Antes de cantar, Francisca reveló que Juan Diego (guitarra y voz) había estado de cumpleaños hace poco. Entonces ocurrió lo inevitable: sin previo aviso, público y banda se fundieron en un mismo coro de “cumpleaños feliz”. Fue un gesto sencillo, casi doméstico, pero la música cedió su lugar a la intimidad.

El recuerdo volvió con fuerza cuando revivieron Neumonía (2022). Akira, Mil Veces Maldito, Cara de Pena, Florecer y la homónima sonaron frescas, bailables y enérgicas con variaciones propias del vivo. Era evidente el disfrute de la banda al reencontrarse con canciones que a veces quedan relegadas tras los nuevos lanzamientos. Para muchos –y para mí también– fue un regreso a melodías que en su momento sirvieron de refugio e inspiración (Cara de Pena que temazo que es).

Y de lo remoto, pasamos a lo nuevo. Déjenme Dormir nos regaló tres canciones nuevas, una de ellas en colaboración con Nahuel Alavia (Candelabro) en el saxofón. Una pieza cargada de emoción, atravesada por la pérdida y el recuerdo, que erizó la piel y reafirmó la cualidad reflexiva que caracteriza a Déjenme Dormir.

Después le siguió ROMA e INGENUO, esta última con la compañía de Javiera Donoso (Candelabro) en la voz, que al igual que en el disco entrega este sentir de diálogo, ese complemento vocal que es necesario para la frescura y la potencia, para el sentido y el sentir de la canción. Sin duda, un punto alto de la noche, dónde Javiera y Juan demostraron su talento vocal al interpretar la despedida y lo doloroso que puede ser.

Para cerrar la noche fue el turno de FLECHA y MONÓTONO LUGAR, canción que sorprendió a la banda por el entusiasmo con que el público la entonó desde el primer verso. Sin parar de cantar, la dualidad entre lo melancólico y lo intenso coronó en Matucana 100.

La reflexión, la energía contenida, la canción con sentido y un excelente interpretación musical, hacen de Déjenme Dormir un imperdible del circuito alternativo nacional. No te defraudan, años al pie del cañón, con buen gusto y un sonido comparable con lo mejor del slowcore y post rock gringo, sin aspavientos. 

“Nos vemos en Metrónomo en noviembre”, dijo al cierre Juan Diego. Ahí estaremos.

 

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