“Jeff Hardy siempre me ha gustado”, declaró Easykid a La Cuarta meses antes de su primer Movistar Arena en solitario. Y es imposible no hacer un símil en sus carreras. Ambos dieron la vuelta larga antes que un ascenso meteórico, reconocidos por sus pares y por fieles fans antes de alcanzar su peak de popularidad y con un trabajo escalado antes de llegar a la cima. Joaquín Palacios junto al Culto hicieron un giro de destino y triunfaron en su desafío más grande: desplegar un show con todas las de la ley en el recinto del Parque O’Higgins.
Rejillas, alambres de púas, andamios. Luces dispersas alrededor. Una estética que recuerda la época más adulta de la lucha libre. Una evolución a las anteriores puestas en escena del antofagastino, quien no dudó en aumentar la apuesta estética, ad hoc además a la estética de “I’M PART”, su tercer álbum que muestra una faceta más eufórica y experimental.
La oscura procesión se tomó los alrededores del Parque O’Higgins desde temprano. Ya sea el merch pirata, Anime Fans Club, o incluso parte de su colección de Vans, los fans cumplieron con el dresscode tiñendo de negro el Movistar Arena para consolidarlo como el santuario del Culto. Una negra tela gigante, con una cuenta atrás, aguardaba el inicio.

Conteo en cero, cortina caída y “Pa que Pichea” comienza a sonar. Easykid acompañado por un grupo de bailarines se tomaron cada rincón del escenario entre banderas y ropas oscuras. El delirio fue inmediato.
Ya sea cantando, saltando, bailando o guardando el momento en sus teléfonos, el Culto manifestaba su triunfo de diversas formas, todo en armonía. Hasta que la euforia chocaba a momentos con el bienestar colectivo. Muchas veces se vieron obligados en pausar el show para hacer espacio a quienes necesitaban atención por falta de aire. En momentos, el propio cantante, en medio de algunas canciones de su extenso setlist, hacía gestos para recordar el pedido.
Más allá de aquellos inconvenientes, la fiesta siguió. Y llena de invitados. Desde Nyruz en “Coketa”, Ceaese y Gianluca en “Drama”, Aqua VS en “Cae la Noche”, Baby Yey en “Atrevia”, Facebrooklyn en “Zundada de fondo”, hasta Young Cister, Drefquila y Kidd Voodoo. Casi un año después de su histórico Movistar, los 4F volvieron con todo. También hubo espacio para las otras colaboraciones de Joaquín con cada uno de los exponentes.

El público, los invitados, el escenario. Todo fue parte de la celebración de Easykid. Incluidas las frenéticas tomas de cámara, que reforzaban la estética. Partiendo por las laterales, pero especialmente las que se tomaban la pantalla principal. Desde las cámaras que se inmiscuían entre los bailarines, hasta la espectacular toma puesta desde las alturas, que mostraba a parte del público de forma inclinada. Un espectacular trabajo visual.
Un set de 45 canciones, que mostró lo mejor del repertorio de Joaquín Palacios, y sobre todo su evolución. No solamente se abarcaron sus tres discos, sino también un flashback a sus inicios, como el EP “Visionari”. Pero uno de los puntos altos de la noche fue “619”. No bastó una, ni dos, sino tres veces. Triple dosis de euforia para, ya superando la mitad de show, confirmar el avasallador triunfo del Culto.
El siguiente acto fue un repaso de “I’M PART”, el disco que Easykid estrenó hace poco más de un mes. Con cambio de vestuario en pleno escenario, las nuevas canciones se pusieron a prueba. “MOOD”, “Ya entregamos el depa” y “Shiny” fueron de las más cantadas de la noche. Mención aparte merecen “Fentanyl” y “Rush”, que volvieron a despertar el lado más caótico del Culto.

Uno de los momentos más emotivos llegó con “Ojos Empapados”, en lo que fue la antesala al gran final. El Movistar Arena completo, cantando de principio a fin “Siempre Pienso en Ti”, una de las joyitas de “Sorry Estoy en mi Darkera”. Como un suspiro en el viento, el antofagastino llegó a la parte más alta de la estructura para disfrutar el coro para finalmente cerrar la noche al son de “Vea Pues”.
En el mundo luchístico el “underdog” es aquel luchador que, si bien es favorito del público, se ve obligado a enfrentar dificultades y que no logra el campeonato mundial o ser el evento principal en sus inicios, sino que es fruto de la paciencia y el trabajo. Y que logra trascender.
Luego de varios años, muchos singles y tres discos, Easykid logró llegar a lo más alto. Tal como su ídolo Jeff Hardy cuando ascendía las esquinas del ring para rematar al rival. Pero no lo hizo solo, construyó un Culto alrededor, que canta sus canciones, sigue su estética y se mantiene fiel desde el inicio, y sigue creciendo. Y sigue ganando, porque cuando el underdog alcanza la cima y un sentido de pertenencia, solo queda escalar más arriba.
